martes, 23 de mayo de 2017

La cultura en Madrid: Del rosa al amarillo y fundido a negro


Una aproximación desde los servicios culturales municipales
El nuevo municipalismo ¿marea o chapapote?

No hay nada más triste que un teatro sin público, una sala de conciertos sin voces y enmudecida de luces, la sombra congelada del aplauso, los cuentos de las 12 robados al sábado, y las miradas ciegas, sin amarres que ayuden a cruzar de una a otra orilla, la escena. Cae el telón, clarines de guerra.

No hay nada más indignante que un teatro o una sala de exposiciones destinados a usos incongruentes y espurios por la dejadez y la falta de medios (antaño) o por servir a intereses de parte (hogaño), hurtando a los vecinos y vecinas, el derecho de acceso a la cultura que nos marcan la Constitución y las leyes.

Recientemente se ha publicado en El Diario.es un artículo de David Márquez Martín de Leona titulado ¿Y si hablamos alguna vez de políticas públicas (culturales)?[1] donde presenta algunos datos muy relevantes y demanda la necesidad de analizarlos y evaluarlos con el fin de obtener una base empírica para el diseño de políticas públicas que mejoren el acceso a la cultura, reivindicando "hacer una política cultural madura orientada hacia el servicio público, pero sin duda da para menos titulares e impone debates menos excitantes llenos de propuestas más técnicas y grises". (La negrita es mía).

Debates menos excitantes, sin duda, y yo me atrevería a decir que ojalá el tema estuviera siquiera sobre la mesa para iniciarlo negro sobre blanco, porque cualquier otra tonalidad, incluida el gris, permanece hoy invisible al ojo humano ante la falta de claridad sobre lo que está pasando con la cultura en Madrid que nos permita no ya interpretar, sino tan sólo vislumbrar cualquier color más allá del espectro que va del rosa al amarillo como en la película de Summers (rodada por completo en blanco y negro y que narra dos historias de amor ubicadas una en la adolescencia y otra en la senectud) y que en el caso de la guerra cultural que se ha instaurado en el Ayuntamiento de Madrid, esta metáfora fílmica nos viene al pelo.

Porque esta guerra cultural de guerrillas -necesaria o absurda-, pero legítima en el plano social o político, no lo es tanto cuando hablamos de cultura pública (sobre todo en lo referente a los centros culturales de distrito) ya que ambos bandos olvidan que de lo que estamos tratando es de un derecho básico y de cultura financiada con fondos públicos y que aquí no caben las medias tintas para un uso partidista de la cultura seas del bando adolescente o del antiguo régimen, y me refiero con esto tanto a los recién llegados que hoy tienen las riendas del poder municipal, como a quienes durante décadas férreamente lo ostentaron y ahora se obcecan en no soltarlo.

Que la política cultural del Ayuntamiento de Madrid sea tema de conversación día sí y día no en periódicos o tabloides, que haya sido objeto de alguna intervención policial o que acabe en los juzgados y tribunales e -incluso- en la Audiencia Nacional, no ayuda en absoluto a un debate sereno y centrado sobre políticas públicas culturales. Porque, a pesar de querer seguir a pie juntillas la recomendación del show presentado por Facu Díaz y Miguel Maldonado todos los jueves en el Teatro del Barrio: “No te metas en política”, parece que no es posible abordar el asunto sin pringarse las manos y sin que la situación estrambótica de la cultura madrileña y de los agentes culturales que intervenimos en la misma nos convirtamos en una parodia de la actualidad política que refleja este programa, con sus querellantes y parodiados y, desgraciadamente, con algunos de los agentes implicados –como los titiriteros Alfonso Lázaro y Raúl García- habiendo pasado por la cárcel. Con estos mimbres no es posible atisbar la salida a esta tragicomedia de la España negra que ni el mejor Berlanga hubiera urdido para desarrollar este plano secuencia de costumbrismo situacionista que va camino de durar dos largos años, en el que se halla estancada la cultura madrileña, enfrascada en una batalla inútil pero, como hemos visto, a veces cruenta, de símbolos, posiciones, hegemonías y narrativas enfrentadas. Y, como colofón final a esta sátira ácida, atémonos los machos y ciñámonos los tuits, que vuelve la censura y baja el IVA para los espectáculos en vivo, castigando sin rebaja a los díscolos del cine por su pertinaz inclinación a dar, a su vez, el espectáculo en vivo y en directo, cuando intervienen fuera de las pantallas.

Así pues, ni aun tratando de abordar el tema desde una perspectiva analítica y objetiva como me correspondería desde mi posición en la Administración cultural pública ya que sobrellevo condena voluntaria como funcionaria en un centro cultural municipal desde hace más de 13 años, parece complicado abstraerse de esta guerra cultural y de la politización de la misma, puesto que la batalla cultural no sólo se entabla entre facciones contrarias (Gobierno y oposición y sus medios de comunicación afines), sino también entre facciones aliadas dentro del mismo equipo de gobierno municipal (no hay que olvidar que el gobierno de la capital, ejercido por Ahora Madrid con el apoyo del PSOE, es un partido instrumental donde confluyen movimientos ciudadanos, asociaciones, partidos -Podemos, IU, Equo- e independientes). Y, para más circo mediático, también los satélites distritales toman posiciones en función de las presiones del tejido social y cultural que les haya tocado en suerte, donde Ganemos (sector al que pertenecía la ex-delegada de Cultura, Celia Mayer, ahora reconvertida a Madrid 129), va pegando muy fuerte, por lo menos en mi distrito donde los escasos espacios y equipamientos culturales se están convirtiendo en verdaderos territorios a conquistar y colonizar desde lo social, como si los espacios públicos en los que hasta ahora nunca habían reparado, fueran verdaderos bastiones a asaltar y los individuos que hasta ahora los habitábamos: trabajadores, usuarios, monitores, pequeñas empresas, compañías de teatro, etc. así como los puestos de trabajo que generan, se convirtieran en verdaderos botines de guerra.

La ciudad ha sido siempre y es hoy, un territorio en disputa donde los distintos agentes intervienen con distintas fuerzas, ideas, alianzas y lógicas enfrentadas; y lo mismo sucede con la dimensión cultural que a la vez que da forma y configura un territorio complejo de relaciones sociales, significaciones, intercambios, luchas y alianzas, también es fruto de la configuración que de ella hacen los diversos agentes políticos, sociales y económicos que dan forma a la realidad social y cultural de la ciudad. El municipalismo actual es un gran laboratorio donde confluyen muchas lógicas, muchas formas de entender la realidad y de plasmarla haciéndola real.

¿Pero qué está sucediendo en Madrid donde existe un grado alarmante de confusión y conflictividad entre lo público, lo privado, lo común y lo comunitario; y donde los interlocutores habituales de las industrias y contenidos culturales – las gentes de la cultura- han sido desplazados por otros – los agentes de lo cultural-?

¿Qué ocurre con la gente, con el público habitual de las programaciones: conciertos, teatro, actividades infantiles, etc. a los que se les ha cortado la programación durante más de un año, en espera de que el tejido asociativo diseñe una nueva programación “experimental”? ¿Por qué se castiga sin el derecho de acceso precisamente a las personas más vulnerables que son las que acudían a las funciones gratuitas de los teatros de los centros culturales municipales de distrito? ¿Exigimos carta de asociacionismo a los individuos y a la población general, para tener acceso a la cultura pública?

¿Qué ha pasado con el magro presupuesto aprobado en 2016 para la cultura en algunos distritos, del que no se ha gastado un euro para programar ni para asistencia técnica de iluminación-sonido, en ninguno de los centros culturales públicos?

En el Plan de gobierno se fija como objetivo estratégico: construir y promover la cultura como bien común. Para ello se fijan una serie de estrategias entre las que se encuentran la descentralización de los programas y recursos dedicados al área cultural, la difusión y descentralización de la cultura y la promoción del acceso a los equipamientos y programas culturales como servicio público de calidad, diverso y accesible.

¿Qué ocurre en los centros culturales de distrito donde en vez del apoyo de las mareas como en el resto de los servicios públicos (educación, sanidad…), los trabajadores de los mismos hemos recibido chapapote y opacidad por parte del nuevo gobierno municipal? Y, como guinda, en la propuesta de nueva reestructuración de los distritos se propone de forma directa y descarnada, la eliminación de los directores de centros culturales de distrito y su pase a un limbo administrativo a merced de lo que decida el político de turno de la Junta Municipal. Hablamos de funcionarios de carrera que hemos obtenido las plazas por concurso específico de méritos y no de libres designaciones.

¿Qué pasa cuando desde algunos sectores se pretende tensionar las instituciones? Y, por lo pronto, los únicos tensionados hemos sido los propios trabajadores de los centros porque, hasta ahora, seguimos sometidos a las mismas reglas (desde lo público) impuestas por la Administración local a la que pertenecemos, mientras que se nos exige romper esas reglas desde lo social. ¿Podemos a la vez servir a Dios y al Diablo cuando seguimos en un limbo de medios materiales y humanos y ni siquiera nos es posible servir adecuadamente a unos cuantos mortales? ¿Tenemos los funcionarios que estar sometidos a la tensión diaria, física y mental, de elegir a quién obedecer, favorecer o secundar porque en los distritos, manteniendo las estructuras formales de la Administración, se ha ido poco a poco gestado una administración paralela de poder informal?

Es verdad que en la Administración, las personas influimos sobremanera en la aplicación de las reglas, por muy rígidas que sean, y tenemos cierto margen de maniobra en función de nuestra propia ideología, ética, carácter, actitud, conocimientos, etc. pero ¿debe un empleado público tomar partido cuando su función es servir con objetividad los intereses generales? Y, en casos concretos como el mío que trabajo en lo público y he estado lustros en el movimiento asociativo ¿a quién elegir sin sentirme traidora? ¿A los usuarios habituales de mi centro o a los colegas de las luchas de afuera? ¿Cómo salvar esta esquizofrenia diaria que está afectando a mi salud, ya de por sí deteriorada por años y años de las políticas neoliberales de recortes, abandono, falta de medios y de reconocimiento laboral y personal, etc? ¿No era este gobierno el gobierno de los cuidados? Perdonen que en este estudio de caso baje al terreno personal, pero sin analizar los impactos reales y evaluar la praxis además de con datos, con experiencias de vida -porque afecta a seres humanos-, la teoría andará errada.   

¿Qué sucede cuando lo colectivo se prima sobre la individual y esto trae como consecuencia que las personas hasta ahora usuarias habituales de los centros culturales se las quiere desplazar por nuevos agentes? Porque sobre el papel y, en teoría, ahora todo tiene cabida en el común, pero en la práctica, los espacios físicos, los tiempos de reparto y los recursos son escasos. La mayor parte de los centros culturales somos pequeños contenedores con limitaciones físicas para albergar la creciente demanda de servicios y usos, usos que a veces no son posibles por la propia infraestructura de los equipamientos (escasez de aulas, ruidos, acondicionamiento para unos usos que impiden el desarrollo de otros, etc.). Tampoco nos es posible dar cabida a todos y, en algunos casos los demandantes, que caminan por vías paralelas y sin puentes de cruce, pretenden cosas antagónicas. Por más que el nuevo municipalismo se empeñe, todavía no se han creado espacios comunes donde reconocerse. Los asiduos a los laboratorios y los Foros Locales no coinciden con los usuarios habituales de los centros y, no (nos) engañemos, la politización de ciertos espacios espanta a algunos y es aprovechada por otros.

El sector de Ahora Madrid que hasta ahora ha estado a cargo de la cultura procede del campo de la Antropología social y su enfoque se ha centrado en priorizar el registro antropológico sobre el registro estético intentando aplicar –hasta ahora con éxito bastante limitado- un único modelo de intervención para todos y cada uno de los contenedores y espacios culturales de la ciudad: sea un pequeño centro cultural de distrito, una plaza, la calle, el Circo Price o el mismísimo Teatro Español. La idea consiste en primar las expresiones culturales y la cultura popular frente a la de las élites; potenciar las acciones comunitarias frente a las individuales; favorecer la cultura en construcción priorizando los procesos sobre los contenidos, los productos culturales terminados o las obras cerradas; amparar la autoría colectiva frente a la individual; descentralizar la cultura desplazándola del centro de la ciudad a los distritos periféricos; dar cabida a nuevas manifestaciones artísticas (danza urbana, muralismo, performances o disciplinas experimentales, etc.) frente a las manifestaciones culturales más habituales, etc. En suma, poner en valor la diversidad, potenciar la cultura como herramienta para transformar las relaciones de convivencia, incidir en la vida ciudadana y contribuir a la transformación social.

Ideas todas ellas coherentes con una concepción de políticas públicas que tienen en cuenta el retorno social de la cultura y que van más allá del simple acceso, pero que sólo serán válidas si se aplican con un mínimo de racionalidad y no con orejeras, si se llevan a cabo respetando otros muchos enfoques incluso el punto de vista de que la cultura puede concebirse como un recurso de disfrute individual puramente estético y no politizado; que además de para la expresión y la participación social, la cultura puede ser ejercida tanto por creadores individuales, como por profesionales y artistas de los distintos sectores que conforman las industrias culturales, etc.

Y que desde la homogeneidad en el tratamiento de espacios y proyectos sin tener en cuenta numerosos factores como:

 a) las propias condiciones físicas y técnicas de los edificios, salas y equipamientos,

b) los agentes que ya existían poniendo en marcha, trabajando, colaborando o gestionando esos equipamientos y/o proyectos que puede que entren en conflicto con los nuevos desarrollos si no se respetan mutuamente,

c) la coexistencia de distintos públicos, los anteriores y los futuros y no la sustitución de unos por otros;

d) todo el entorno social creativo, artístico y cultural adyacente y no sólo al tejido social que nos apoya o conviene para nuestros fines políticos, electorales, laborales, clientelares o económicos,

e) la propia historia de los equipamientos culturales que son mucho más que contenedores vacíos porque tienen un tremendo poso histórico que ha costado mucho levantar hasta convertirlos en referentes reconocidos a nivel local o internacional y para los que un cambio de nombre tiene implicaciones simbólicas, o para los que alterar el programa mismo y los contenidos, desplazando a los agentes habituales por los de otras disciplinas y, por ende, también a los públicos asiduos, supone una tremenda falta de respeto pudiendo sumar y no restar tanto proyectos culturales, como agentes, disciplinas, ámbitos, espacios, territorios, etc.

Y ¡Ojo! No olvidemos nunca que estamos hablando de un ámbito como la cultura, tan sensible a que se condicione o coarte la libertad de expresión y creación si se “marca el camino” favoreciendo determinadas manifestaciones con mensaje social que hace que los creadores y artistas se autocensuren o reconduzcan sus obras para ser contratados por la Administración. Utilizar los mismos parámetros e indicadores que se aplican a la intervención social para acabar con las desigualdades en materia económica y social, es un arma de doble filo cuando se aplican a la cultura donde debe primar la libertad de expresión y creación sobre la exigencia de un “retorno social” mal entendido.

En los últimos años, la sociedad ha reconocido que valores como la educación, la igualdad, la diversidad, la equidad, los derechos humanos, la sostenibilidad ambiental, la cohesión social, la participación y, en suma, todos los valores que fomentan lo que entendemos por cultura democrática, deben ser tenidos en consideración a la hora de elaborar las políticas públicas. Pero si se priman los contenidos con valores de forma inadecuada, por ejemplo aplicando indicadores culturales más propios de la intervención social que de la cultura en general, caemos en uno de los vicios más viejos de la izquierda.

En las últimas décadas, espacios públicos como la sanidad y la educación han sido espacios colonizados por los intereses mercantiles y esto también ha sucedido en el caso de los grandes contenedores de cultura. La educación y la sanidad públicas se convirtieron en pilares del Estado del bienestar, fruto de las conquistas sociales a lo largo de muchos años de lucha. Sin embargo, el concepto de cultura como un derecho social no llegó a desarrollarse como otro de los pilares del Estado social, considerada en la mayor parte de los casos, como un derecho social accesorio, un servicio público florero y hasta un bien común totalmente prescindible en época de recortes y prioridades presupuestarias, contraviniendo así lo establecido en nuestra Constitución y las leyes que consagran el acceso a la cultura como un derecho ciudadano esencial básico.

Mucho se ha hablado del impacto de las políticas neoliberales (recortes, privatizaciones, etc.) sobre el deterioro de servicios públicos como la educación, la sanidad o los servicios sociales, pero pocas veces se han tratado seriamente las consecuencias de estas políticas sobre la cultura.

Lo cierto es que en el municipio de Madrid, en las últimas décadas bajo gobiernos del PP, nunca llegó a desarrollarse una verdadera democratización cultural porque la oferta (dejando al margen los servicios bibliotecarios, archivos y museos) era de escasísima calidad y no llegaba a todos los sectores de la sociedad, a pesar de contar con numerosos equipamientos de proximidad –los centros culturales de distrito- diseminados por gran parte del territorio. Y si no se aspiraba a la democratización cultural incentivando la dimensión cultural del desarrollo, promoviendo la difusión de productos culturales, aplicando unas políticas capaces de dar cabida a los distintos gustos generacionales o diversidades estéticas, estrechando las brechas carenciales con el acceso a la cultura para determinados sectores de la población, etc; para qué hablar de democracia cultural, de pluralidad, de diversidad, de implicar a la ciudadanía en los procesos de decisión, gestión y acción cultural para integrar los valores y manifestaciones culturales de los diferentes individuos y colectivos que componen el rico mosaico de la ciudadanía local actual ya sea en su faceta de creadores, intérpretes, educandos o público, o favoreciendo la participación individual o colectiva en todos y cada uno de los procesos y dinámicas socioculturales que configuran la ciudad.

Mientras los buques insignia marca Madrid: Teatro Español, Matadero, Centro-Centro, Conde Duque, Circo Price, etc. ondeaban con el viento a favor y daban lustre a la cultura cortesana e incluso experimentos como MediaLab-Prado o Intermediae aportaban el suficiente barniz de contemporaneidad y experimentación de la cultura digital y el “procomún” más a la izquierda de la izquierda posmoderna, del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase la cultura municipal del PP en lo referente a los centros culturales de distrito, la cultura destinada a los villanos y, más específicamente a las villanas, puesto que aquí las usuarias ganan por goleada.

Cierto es que la suerte cultural iba por barrios pues dependiendo del Concejal/a que le tocara en suerte a cada distrito, la partida presupuestaria destinada a la programación cultural era de mayor o de menor cuantía, o incluso si para el susodicho existiesen otras prioridades, la partida destinada a la programación cultural, se volatilizaba y a veces no sólo desaparecía el guarismo, sino que eran frecuentes las elipsis en los epígrafes correspondientes de los Presupuesto de años subsiguientes. De todas las competencias del Distrito, la cultura siempre estaba al final de la cola, pero era la primera de la lista cuando se decretaba la tijera presupuestaria.

Durante los años en que los responsables políticos –Concejal Presidente o Asesore/as del mismo- mantuvieron los teatros de los centros culturales en barbecho, había que buscarse las castañas con programaciones gratuitas o cediendo espacios de ensayo a cambio de alguna representación que echar al populacho porque para los responsables políticos nunca los usuarios de los centros culturales tuvieron carta de ciudadanía, excepto los que acudían a los cursos y talleres que, estos sí, pagaban religiosamente el precio público correspondiente y exigían, claro que exigían, un servicio de calidad.

La asistencia técnica de sonido e iluminación brillaba por su ausencia y era atendida por voluntarios, los propios grupos que actuaban gratis o los directores de los centros, quienes elaborábamos carteles y folletos, imprimíamos la programación en la impresora de casa y hasta pagando de nuestros bolsillos el tóner a color, las pilas para los micrófonos, y otros materiales fungibles necesarios que se salen del material común de oficina, el único que nos suministraban. La incomprensión hacia nuestra labor era total y absoluta pues dependíamos de un órgano de carácter administrativo –la Junta Municipal de Distrito- que no atendía las necesidades específicas de un equipamiento dedicado a servicios culturales, más allá de los puramente administrativos y la coordinación con el Área de Cultura (Artes) era prácticamente nula. La carencia de medios era impropia de una Administración, pero aún más lo era la incomprensión y la dejadez con la que nos trataban a los que nos empeñábamos, a pesar de las trabas burocráticas y el ninguneo generalizado, en prestar un servicio público de acceso a la cultura.

Incluso durante los años en los que se contaba con presupuesto y se sacaban a licitación pública la programación y la asistencia técnica –adjudicándose a la empresa que ofertaba el precio más bajo- el presupuesto era tan parco y la oferta cultural ofrecida de tan escasa calidad, que teníamos que negociar con las empresas adjudicatarias para que incluyeran algunas programaciones elegidas por las direcciones, fuera de su propio catálogo. La suerte llegaba cuando caía en forma de maná y a cuentagotas, alguna programación vía Madrid-Activa, un programa de la empresa pública Madrid Destino que nos servía contenidos culturales a los distritos (teatro, conciertos, programación infantil, etc) y que con los recortes también fue devaluándose poco a poco en cantidad y calidad. Pero aun en esas circunstancias precarias había riesgos más graves, como que colocaran un tatami y suspendieran la programación durante dos años seguidos porque no encontraban otro sitio para impartir clases de judo, cosa que le sucedió al teatro de mi centro cultural, tras haber demolido el único polideportivo del distrito que existía en aquellos tiempos (El Polideportivo de La Cebada). Esta fue la solución política encontrada y la más inmediata, tras aparecer los padres de los niños quejándose en TeleMadrid por la pérdida de las clases de judo de sus hijos.

¿Y qué contar de los efectos de los contratos integrales (limpieza, mantenimiento del edificio y personal auxiliar), que convirtieron los centros culturales en verdaderos focos de precariedad donde el personal cobraba 3,5€ la hora? de los que ahora la nueva Corporación se queja tanto por dejarles las manos atadas en lo referente a la limpieza de la ciudad, pero que durante años hemos sufrido de forma lacerante los trabajadores de los centros culturales, tanto los empleados públicos (en algunos sólo existe la figura del Director funcionario y un Auxiliar Administrativo), como el personal externalizado. Durante casi dos lustros, hemos sido auténticos nichos de precariedad con personal no formado que cambiaba con cada contrato, con salarios ínfimos y en condiciones laborales de explotación, etc).

Contra viento y marea los trabajadores de algunos servicios públicos permanecimos en nuestros pequeños reductos procurando resistir los embates privatizadores ofreciendo servicios culturales dentro de nuestro poco margen de maniobra. Mientras que los buques insignia de los grandes organismos culturales madrileños: Matadero, Teatro Español, Madrid Centro-Centro, etc. contaban con gerentes de cuello blanco, directores artísticos y presupuestos, los centros culturales de proximidad anduvimos abandonados a nuestra suerte en manos de las grandes constructoras (para el mantenimiento y limpieza del edificio e incluso el personal de información al público) y de pequeñas o medianas empresas que pujaban a la baja reduciendo en costes de personal (para la programación cultural o los monitores de los cursos y talleres). Si tenemos en cuenta que en estos espacios de cultura vecinal debemos servir a un heterogéneo elenco de públicos y a una variedad de gustos, temáticas y enfoques con unos medios inexistentes tanto en cuanto a equipamientos como a medios personales (muchos centros no cuentan con auxiliares administrativos propios, personal técnico de iluminación y sonido, vigilantes, etc.) y a esto se suma que el personal de las empresas externas llega sin preparación y cambia constantemente al albur de las necesidades de la empresa o de si torna la adjudicataria.

Y en estos lodos andábamos en los centros culturales de distrito, cuando llegaron como agua de mayo, las nuevas corrientes municipalistas con una inquebrantable defensa de la sanidad y la educación públicas y con un respeto exquisito por los empleados públicos que no sólo habían participado en las mareas, sino que con su quehacer diario contribuían al mantenimiento de la sanidad y la escuela públicas; pero, por el contrario, con cierta falta de empatía –siendo eufemísticamente suave para no herir las sensibilidades de algunos sectores de Ahora Madrid que tanto hablan de los cuidados- hacia los servicios públicos culturales y hacia los trabajadores de la cosa pública que ya llevábamos demasiado fango encima con las anteriores políticas neoliberales.

Hablemos claro y sin mordazas. La primera ola del tejido asociativo llegó arrasando y, con la excusa del esto no funciona, la burocratización y la administración en materia cultural están obsoletas, nosotros nos lo guisamos y nos los autogestionamos o cogestionamos con nuestras novedosas, maravillosas y revolucionarias propuestas en materia social y cultural. Y algunos llegaron hasta con la cinta métrica emulando los anteriores amagos de privatización total de espacios públicos cuando llegaba del Concejal de Distrito de la mano del empresario amigo, pero ahora con el marchamo de lo público-social en vez del manido y anticuado público-privado. Y sí, hablo de espacios públicos en uso destinados a servicios públicos, no de los espacios públicos vacíos que legítimamente se ceden para uso colectivo ciudadano. Se da la paradoja –e incluso la ironía- de que algunos personajes que antes defendían el mantra de lo público-privado, ahora se presentaban como adalides de lo público-social, así, sin despeinarse una cana.

En estos escasos dos años, el Gobierno de Ahora Madrid está abriendo los armarios y aireando los cajones de la corrupción que durante mucho tiempo estuvo instalada en el Ayuntamiento de Madrid. Hemos corroborado lo que sospechábamos, que la corrupción generalizada estaba en el corazón del partido gobernante en los diversos ámbitos: estatal, autonómico y local.

A ello ha contribuido también el tejido asociativo y la puesta en marcha de auditorías ciudadanas para analizar la deuda municipal, los sobrecostes, el impacto de las privatizaciones, etc. El propio Ayuntamiento de Ahora Madrid ha propiciado el proceso de una Auditoría Ciudadana Municipal que se ha centrado en la evolución de las políticas públicas, evaluando no sólo el cumplimiento de objetivos, la eficiencia en el cumplimiento de programas presupuestarios, sino midiendo también el impacto conseguido respecto del progreso social y el bienestar de la ciudadanía. Hasta ahora se han evaluado los impactos de tipo económico, social, medioambiental, de género y financiero en relación con las políticas públicas desarrolladas por la Administración en los últimos años y los informes se han publicado en la web del Ayuntamiento.[2] Informes serios, objetivos, operativos y muy ilustrativos.

Pero recientemente, y es lo que me animó a comenzar este artículo aunque llevaba dándole vueltas al asunto desde hace casi más de un año a la espera de que por fin la actividad cultural en los distritos se abordara de forma seria por los nuevos responsables de los mismos, se ha presentado a los medios el Informe de caso de los Talleres de formación de los Centros Culturales del distrito de Usera elaborado por el grupo auditor Usera Audita[3]. 

El informe se estructura como sigue: Introducción, Metodología, Historia de los centros culturales, Datos sociológicos del distrito, Análisis de los talleres de los centros culturales (presupuestos, calidad, condiciones de empleo, empresas adjudicatarias), Conclusiones, Propuestas a futuro, Documentación y Anexos.

No me voy a centrar en el análisis concreto de la mezcolanza de datos, indicadores y correlaciones disparatadas que presenta este informe, elaborado con buena voluntad y predisposición por algunos de los participantes, pero que, sin embargo, muestra claramente cierto sesgo escorado a confirmar prejuicios previos y se aleja bastante de lo que se supone debería ser una evaluación objetiva y rigurosa; basta acudir a las conclusiones y las propuestas de futuro para comprobar su arbitrariedad.

En el apartado de Historia de los Centros Culturales se hace mención a la construcción y creación de muchos de los centros municipales de distrito actualmente existentes en época del Alcalde Enrique Tierno Galván. En los años 80, tras la explosión democrática después de 40 años de dictadura, existía un nutrido y combativo tejido asociativo de barrio que fue el que dio impulso a la creación de muchos de los servicios que hoy existen en el Ayuntamiento de Madrid y que antes no existían. Gran parte del tejido asociativo de aquellos años y que operaba en las Casas del Pueblo o en las Casas de Cultura, Casas de la Juventud (autogestionadas o financiadas por partidos de la izquierda política y/social, por asociaciones, o con ayudas públicas), así como centros de salud y de planificación familiar, etc. pasaron a formar parte de la propia estructura administrativa del Ayuntamiento como gestores, dinamizadores, personal laboral e incluso se crearon funcionarios de cuerpos especiales de nuevo cuño en educación, sanidad, consumo, servicios sociales, servicios de salud, etc. Además de los puramente administrativos, muchos de los servicios que existen hoy en el Ayuntamiento de Madrid se crearon y desarrollaron en aquella época (servicios sociales, educación, centros culturales, sanidad, consumo, etc.) y posteriormente se han desarrollado otros muchos servicios: igualdad, empleo, centros de mayores, escuelas infantiles, etc.

El informe detalla con nostalgia y alegría ese momento de explosión democrática que se vivió en Madrid y que muchos por edad, vivimos y hasta formamos parte como impulsores del mismo.

"Con la llegada de Enrique Tierno Galván a la alcaldía de la Villa y Corte, tras las primeras elecciones municipales después de más de 40 años de ‘alcaldes a dedo’, los nuevos gestores municipales del P.S.O.E./P.C.E. aprovecharon el robusto asociacionismo de los barrios madrileños para dar un impulso a la abandonada Cultura. Al carecer de técnicos profesionales y locales apropiados, las nacientes Casas de Cultura y Casas de la Juventud, precursoras de los Centros Culturales, se instalaron en casas y locales de alquiler y a su cargo se puso a destacados miembros de los colectivos ciudadanos, muy numerosos, organizados y combativos en aquellos años. Después, coincidiendo con los años de “La Movida madrileña”, en los que existe una gran explosión cultural y artística, se construyó la amplia red de Centros Culturales y se formó a los animadores, técnicos y gestores culturales para dinamizar estos nuevos locales, clausurando sus predecesoras y enfriando y debilitando los movimientos sociales que fueron desapareciendo en su mayoría. Los centros culturales se construyen con el objetivo de que no existiera ningún barrio sin equipamiento cultural y que todos los vecinos pudieran acceder a ellos de forma fácil. Pretendían poner la cultura al alcance de todos y crear tejido social. Más allá de su oferta cultural, que es importante, la principal misión de estos centros era hacer que los vecinos de un barrio se conociesen y conviviesen en un mundo que tiende a aislar a los individuos.

En esta primera etapa, había una articulación entre las diversas entidades sociales del barrio y los Centros Culturales. Se daba una colaboración con la Junta Municipal, los colegios y las asociaciones vecinales (AA.VV.). Se organizaban actividades para niños, actuaciones musicales, teatro, viajes culturales, participación en los Carnavales, en la Semana Cultural, fiestas del barrio…

Se organizaban reuniones y charlas sobre problemáticas del barrio, el problema de la droga, etc. En el Centro Cultural de San Fermín se daban Cursos de “Corte y confección”, de Informática, etc. Se puso en marcha la “Escuela Municipal de Adultos” por la presión ejercida por la AA.VV. Lo organizaron un pequeño grupo de profesoras en régimen de cooperativa. Fue una escuela de calidad, no meros talleres de pasatiempo, que daba titulaciones de Graduado Escolar. Regularmente les visitaba el inspector de Enseñanza Primaria para asegurar la calidad de sus enseñanzas. Mucha gente del barrio fue así como consiguió esta titulación, lo que aumentó el nivel educativo del barrio. El Centro Cultural Blasco Ibáñez, ubicado en el barrio de San Isidro del Distrito de Carabanchel, comenzó a funcionar en 1980. La iniciativa vecinal y el trabajo cooperativo tenían allí su expresión. No había separación entre el Centro y el Barrio, muchas de las actividades se realizaban al aire libre, y uno de los objetivos era conocer la realidad del Barrio.

Los mismos alumnos elaboraron unos estatutos y programación para el funcionamiento del Centro durante los primeros meses. Así mismo se les dio participación para acondicionar el Centro con los escasos recursos que disponía la Junta Municipal de Carabanchel. En este Centro, la actividad que con más regularidad se realizaba era denominada: “Educación de adultos”. Era un espacio de encuentro, de discusión, de desarrollo personal integral y en familia. Otras actividades que se ofrecían era la de invitar a personas preparadas en los diversos campos de las ciencias para dar charlas, recitar poemas, o hablar del Barrio, de sus necesidades. Los monitores trabajaban en equipo (había una reunión trimestral de coordinación) y les animaba la pedagogía de Paulo Freire, que trataban de seguirla siempre no exenta de dificultades. Una de las personas que trabajó en este Centro Cultural, recuerda aquellos años de trabajo en él, como los años más “frescos, libres, ilusionantes” de su trabajo educativo, siendo más lo que aprendió de ellas, que lo que él pudo enseñar".

Es decir, que lo que proponen es una vuelta a la situación de predesarrollo de determinados servicios públicos de la Administración local, además de labrarse un empleo dentro de la misma como ocurrió en los años 80, pero ahora duplicando servicios que ya existen y están operativos dentro del organigrama del Ayuntamiento y de las plantillas de personal existente que se hayan reflejadas y pormenorizadas en la Relación de Puestos de Trabajo. Y en algunos casos, como en el de los directores de centros culturales, cargándose de un plumazo nuestra carrera administrativa y, lo que es más grave, nuestra dignidad laboral y personal.

Lo cierto es que los centros culturales de distrito hemos dado cobertura al tejido creativo y artístico de los barrios, a asociaciones culturales, pequeños empresarios y autónomos (compañías de teatro, títeres, cuentacuentos, etc. a asociaciones vecinales, etc. promocionando a artistas plásticos y visuales del distrito, grupos musicales de gran diversidad de estilos, etc. Las más de las veces, sin presupuesto alguno, hemos podido programar a cambio de cesiones de espacios para ensayos, colaboraciones con las AMPAS, con pequeñas asociaciones culturales, de mujeres, asociaciones de discapacitados o colectivos artísticos del barrio.

Pero también es cierto, que durante muchos años se había producido una desconexión entre los centros culturales y sus usuarios habituales (alumnado, asistentes a las programaciones, colegios e institutos del distrito, asociaciones culturales y artísticas no politizadas, creadores y pequeñas compañías artísticas, etc. por un lado, y un tejido asociativo y colectivo de los barrios muy politizado, por otro. Sin embargo, en muchos casos, se ha tratado de una desconexión mutua porque muchos de los movimientos sociales (ecologista, pacifista, antimilitarista, de okupación, de autogestión, por el derecho a la vivienda, consumo responsable, etc.) se centraban en reivindicar sus propias luchas y operaban en sus propios territorios sin acercarse jamás a un centro cultural oficial ni en pintura y mucho menos preocuparse de los problemas que allí ocurrían fruto de las políticas neoliberales, las privatizaciones, externalizaciones, etc.

No ha sido hasta el cambio de gobierno local, cuando el tejido asociativo y los movimientos sociales, han empezado a aparecer por estos espacios, a preocuparse por lo que allí sucedía y a reivindicar su participación en el diseño y la toma de decisiones de los mismos. Totalmente legítimo, pero es poco respetuoso entrar como elefante en cacharrería alterando el ecosistema de los que allí habitábamos (trabajadores y usuarios que nunca vivimos precisamente en una zona de confort) y queriendo marcar un nuevo paso aprovechando el estado de precariedad en el que nos encontramos sumidos a causa de un neoliberalismo demoledor y salvaje para con los trabajadores y las propias instituciones de la cosa pública. En algunos distritos, lo que se ha pretendido no es sólo la participación y la toma de decisiones sobre la cultura de los barrios, sino un control absoluto por parte de algunas personas y colectivos concretos que llevan más de año y medio intentando encontrar la fórmula para imponer su modelo, paralizando las programaciones y el apoyo de servicios técnicos hasta dar con la manera de hacerse con la gestión y la ejecución de las programaciones de los centros.

Pero sigamos con el Informe de Usera. Después de hacer un análisis sobre la situación en la que se encuentran los centros culturales municipales (con el que coincido en parte en el diagnóstico del deterioro y así lo he denunciado a lo largo de estos años en distintos artículos y Foros), proponen como modelo de gestión para los mismos, el de los centros culturales alternativos: “Ante el desprecio a la Cultura Libre y Popular de los responsables municipales de Madrid, han vuelto a resurgir, en los últimos años, colectivos ciudadanos que gestionan Centros Culturales alternativos desde lo común, la innovación y la responsabilidad colectiva. Algunos de estos espacios son experiencias exitosas de socialización y modernidad y están reconocidos públicamente, como los tres del Distrito Centro: El Campo de Cebada en La Latina, La Tabacalera Centro Social Autogestionado en Lavapiés y El Patio Maravillas en Malasaña, actualmente desalojado”.

Tras más de un año de reflexión, el modelo de gestión pública propuesto, es el de los centros sociales autogestionados: Tabacalera, Patio Maravillas y Campo de la Cebada. Y en el mismo sentido ahonda la Propuesta de Modelo de Participación en la Gestión de Centros culturales(4) elaborada por la Federación de Asociaciones de Vecinos (FRAVM), de la que fue presidente Ignacio Murgui, hoy Concejal Delegado de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social. Por favor, esto no es serio, para este viaje no necesitábamos tanta alforja. 

En el Ayuntamiento de Madrid existen unos 115 centros culturales dependientes de los distritos. Estos equipamientos de proximidad ofrecen más de 4.000 cursos y talleres cada curso escolar y dan cobertura a 74.496 alumnos matriculados (datos del curso 2015/16). Cada año, hay más de 100.000 solicitudes de asistencia para dichos talleres, por lo que las plazas se adjudican por sorteo. Desde 2015 las solicitudes y pagos se pueden realizar por Internet. Existe un catálogo general aprobado para todo el Ayuntamiento que fija unos estándares muy amplios que abarcan un extenso abanico con todo tipo de cursos y materias: Formación humanística, Idiomas, Informática y aplicaciones informáticas, Autoayuda/Sentirse mejor, Gastronomía y dietética, Artes plásticas, Artesanía, Artes escénicas, música y audiovisuales, Baile y danza, Mantenimiento físico y masaje y Otros conocimientos y destrezas... La matrícula es válida para todo el curso escolar y existe un precio público que se abona trimestralmente. Por otro lado, también se imparten cursos y talleres específicos por lo que si se quieren impartir otras disciplinas o materias nuevas es posible hacerlo sin sustituir unos talleres por otros y sin denostar a las personas usuarias de los mismos y a los trabajadores de los centros. 

Los monitores de los talleres pertenecen a empresas externas y la mayor parte son licenciados con una larga y dilatada experiencia, aunque sus condiciones laborales (dependiendo de la empresa a la que pertenezcan) son bastante precarias, en parte, porque el propio Ayuntamiento ha ido aplicando tijeretazos en los últimos años, a los importes de los contratos de talleres.  

En el año 2016 se llevaron a cabo 15.355 actividades en los centros culturales. Estas abarcan: teatro, cine, conciertos y actuaciones musicales, conferencias, danza, concursos y certámenes, recitales, exposiciones, ludotecas, festivales, ciclos y jornadas, campamentos, cesión de espacios, etc.

La Carta Servicios de Actividades Socioculturales de los distritos fija unos compromisos de calidad que todos los años son evaluados mediante el cumplimiento de una serie de indicadores (Oferta de actividades, horarios, materiales, medios materiales, instalaciones, difusión, evaluación del profesorado y del personal del centro, etc.). Y existen mecanismos para presentar sugerencias, reclamaciones, etc. Por lo general, las personas usuarias valoran muy positivamente los cursos y talleres y habría que mejorar las instalaciones y equipamientos de los centros, así como las condiciones del profesorado, la plantilla de personal del propio Ayuntamiento, etc.

En el Informe de Usera queda patente un cierto desconocimiento de cómo opera la Administración en relación a los cursos y talleres de los centros culturales, cómo está estructurada, sus servicios y funciones, su sometimiento a indicadores y objetivos de calidad en los servicios y en la gestión, etc.  Y esto es clave para explorar nuevos caminos y ver cómo se puede operar dentro de los márgenes pero sobrepasándolos con nuevas potencialidades. 

Hay que cambiar las formas de gestión, participación e intervención y el nuevo municipalismo tiene mucho que aportar, pero con ideas que mejoren los límites de lo posible, no que lo empobrezcan. El desprestigio de las instituciones por los casos de corrupción no ayuda en absoluto, pero volver a una situación preinstitucional no es el camino. ¿Duplicamos la Administración? ¿Echamos a los agentes actuales y los sustituimos por otros, que parece que es lo que quieren hacernos a los directores de los centros, funcionarios públicos con plazas obtenidas por concurso de méritos aprovechando la falta de medios y el debilitamiento de los servicios públicos producido por las políticas neoliberales y que hemos sufrido en nuestras carnes desde hace más de 13 años? Tal y como aparecía en el diario El País, 22 de mayo 2017: Carmena se plantea sustituir a una parte de los directores de los centros culturales (achacando a la Alcaldesa las decisiones de algunos concejales de distrito) y tal como ha quedado reflejado en la propuesta de reestructuración de los distritos confeccionada por el Concejal Delegado de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social, Ignacio Murgui (recordemos que fue presidente de la FRAVM), eliminando la figura de los directores de centros para sustituirlos por personal afín que entrarán a formar parte de la Administración municipal como interinos pero que, en pocos años, adquirirán la condición de funcionarios. 

El Informe de caso de los Talleres de Formación de Usera obvia que, para los cursos y talleres impartidos en los 115 centros culturales de distrito, se producen unas 100.000 solicitudes cada curso escolar, aunque la oferta de plazas en los mismos, sólo cubre en torno a 75.000 asistentes. Y que las evaluaciones de los talleres por parte de la ciudadanía –a pesar de lo que afirman los colectivos autogestionados– cumple los indicadores y objetivos previstos desde hace varios años, valorándose muy positivamente por las personas usuarias tanto las materias impartidas, como la labor de los profesionales que las imparten, aunque su situación laboral y salarial sea muy precaria, cosa que sí detalla el Informe. (Otra cosa diferente es que se puedan poner en marcha otro tipo de talleres introduciendo nuevos enfoques, formas participadas de gestión, etc), pero no hace falta denigrar lo existente para proponer lo posible.

En la Encuesta de Calidad de Vida y Satisfacción con los Servicios Públicos de la Ciudad de Madrid 2016[5] en el Apartado 4: Satisfacción con los servicios, equipamientos y actuaciones municipales 2016, los centros culturales obtienen un 6,5 de puntuación, en una escala de 0 a 10. Y el puesto núm. 13 entre los 45 servicios públicos evaluados, mejorando una décima la valoración en el servicio en relación a 2014, que era de 6,4. Sin embargo, habría mucho que mejorar, ya que en la comparación de ciudades, donde sólo se cita Barcelona, esta última obtiene una valoración de 7,3. No sabemos si esta valoración se refiere a los centros culturales en general o a los 51 centros cívicos de los barrios (y que al igual que los de Madrid, ofrecen cursos y talleres, además de otras actividades culturales: música, teatro, cine, etc. En Barcelona no suelen cederse, sino que se alquilan espacios, pero lo que realmente diferencia a los centros culturales de distrito del Ayuntamiento de Madrid de los de Barcelona, es que esta última, funcionan en red. No una red autogestionada, sino una red similar a la establecida en Madrid para las bibliotecas públicas municipales, y que han obtenido una valoración del 6,9 y el puesto núm. 7 como servicios y equipamientos más valorados en la Encuesta de Calidad de Vida y Satisfacción de los Servicios Públicos de la Ciudad de Madrid, 2016). Por tanto, más política pública y no menos para los centros culturales de distrito.

Por el contrario, el Informe de Usera propone, como colofón final, una serie de Propuestas a futuro:

Dirigidas al Ayuntamiento

Considerando aquella exitosa primera experiencia proyecto alternativo para la gestión de Centros Culturales, proponemos un bosquejo de modelo de gestión integral ciudadana para los Centros Culturales de Madrid, basado de entrada en los siguientes puntos:
1.       Cesión de la Gestión Cultural a los colectivos ciudadanos, asociaciones de vecinos, asociaciones culturales y empresas culturales de la zona. La toma de decisiones será colectiva y asamblearia, pudiendo elegirse por los colectivos implicados un equipo responsable para llevar a cabo las decisiones tomadas por la mayoría.
2.       Coordinación por, al menos, un Técnico Cultural capacitado, dinamizador y relacionado con AGETEC, la Asociación de Gestores y Técnicos Culturales de la Comunidad de Madrid. Este empleado municipal servirá de enlace entre los gestores ciudadanos del Centro Cultural y el Ayuntamiento de Madrid.
3.       Los colectivos concesionarios del Centro Cultural estarán obligados a presentar ante el Ayuntamiento de Madrid una Memoria de Actividades anual, fidedigna y exhaustiva, mediante la cual se evaluará y fiscalizará la gestión realizada.
4.       Cesión de las instalaciones y espacios existentes para uso privilegiado, pero no excluyente, de los colectivos socio-culturales del barrio que organizarán talleres, cursos, seminarios, etc.
5.       El uso de los locales de ensayo, talleres, aulas y demás instalaciones del Centro Cultural será gratuito para los vecinos y vecinas del barrio que a su vez participarán en las tareas de mantenimiento y dinamización del mismo.
6.       Por supuesto, la gestión y cualquier trabajo se realizará sin ánimo de lucro, lo que no excluye el cobro de una entrada apropiada o una aportación para materiales en aquellos eventos, actividades, cursos, o espectáculos que así se considere necesario.
7.       En la programación prevalecerá el trabajo de los artistas cercanos al barrio, sin que sea excluyente la integración de otros artistas cuando se considere de interés.
8.       Creación de una Red de Centros Culturales Madrileños para intercambiar experiencias, exposiciones, eventos, etc.
9.       En una Sociedad del Conocimiento como la nuestra, no se pueden excluir del concepto cultural las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), por ello se actuará también con políticas activas para acabar con la “brecha digital” proveyendo para ello en 3 sentidos:
·         Centro de Acceso Público a Internet (CAPI) para vecinas y vecinos.
·         Centro de Difusión Tecnológica Empresarial (CDTE) para emprendedores, comercios y pymes del barrio.
  0. Difusión apropiada de la actividad mediante una plataforma colectiva de la Red de Centros Culturales Madrileños, un sitio web personalizado para cada Centro Cultural en particular y el uso correcto y cotidiano de las Redes Sociales.
  1. Las herramientas informáticas usadas estarán implementadas en su totalidad en Software Libre y Código Abierto.
1   2. Los trabajos producidos por artistas, autores y colectivos en esta Red de Centros Culturales Madrileños serán licenciados bajo Licencias Libres, tales como GNU, Copyleft y Creative Commons.
1   3. Creación de un repositorio digital de documentos, fotografías y vídeos para uso común y libre de los eventos, trabajos, cursos, talleres y demás actividades desarrolladas en la Red de Centros Culturales Madrileños.

No es extraño que ante este proyecto de bosquejo de modelo integral ciudadano para los centros culturales, la figura de los directores moleste a algunos. Por ejemplo, en el distrito Centro, hace más de un año que, en asamblea popular dentro de un proceso denominado "Construyendo cultura" liderado por Rubén Caravaca (y sí, algo falla cuando el sistema asambleario se focaliza en una única persona), a propuesta de algunas personas del Patio Maravillas, se votó nuestro cambio de nombre y funciones y se crearon comisiones de trabajo para repartirse las mismas entre las asociaciones y las personas allí presentes. Fue totalmente denigrante, pero en aquel momento pensé que era fruto del desconocimiento de los colectivos sobre el funcionamiento de las Administraciones Públicas. Lamentablemente, han seguido por la misma senda con la connivencia del poder en los distritos, que ahora nos muestran su lado más duro imponiendo el desalojo de nuestros puestos de trabajo, bajo la excusa de una supuesta profesionalización de dichos puestos. 

Las políticas públicas culturales basan su existencia en dos viejos principios fundamentales: el principio de democratización cultural (garantizar el acceso a todas las personas a una oferta cultural de calidad) y el principio de la democracia cultural (el fomento de espacios para la participación y la expresión social y cultural, la construcción de cultura desde abajo por parte de todos los miembros de la comunidad participando como actores comprometidos). La propuesta de dejar estos principios fuera del paraguas de la Administración, no garantiza en absoluto que se cumplan estos dos criterios.

Los nuevos actores aducen el discurso de los bienes comunes y exigen la gestión comunitaria de la cultura y, sin embargo, obvian a gran parte de los agentes (los trabajadores y usuarios actuales de los centros, así como a los tradicionales agentes de la cultura –creadores, profesionales y artistas-), mientras que se erigen ellos mismos como únicos agentes primando a los mediadores y dinamizadores de lo político y sociocultural; a la vez que desdeñan e impiden las políticas de acceso. Defienden las políticas de bienes comunes con una amplitud de miras tuerta, sin abordar la complejidad y dificultad que suponen estos procesos y, en algunos casos, más que proyectos colectivos, lo que proponen parece el proyecto diseñado por y para un único colectivo, o incluso por un solo individuo que conduce asambleas manipuladas, participa en los Foros Locales ofreciendo repartir trabajo a todos los asistentes o pretendiendo montarse el chiringuito a través de los presupuestos participativos en Decide Madrid, la web de participación ciudadana. Es una lástima que las incipientes formas de participación que se han puesto en marcha se desvirtúen por algunos queriendo sacar un beneficio propio o que nazcan ya viciadas sin que existan mecanismos para evitar abusos.

Los proyectos culturales de gestión comunitaria son cruciales y necesarios y las Administraciones locales tienen que poner el foco en ellos, de la misma forma que los proyectos comunitarios de cultura deben poner el foco en la Administración. Se pueden encontrar territorios comunes y de confluencia, pero no son la misma cosa, ni tienen los mismos objetivos, ni los mismos agentes y finalidades, por lo que tampoco son intercambiables unos por otros.

Que la Administración pública apoye o dé cobertura a un proyecto concreto de gestión comunitaria cediendo edificios, espacio, medios, recursos o infraestructuras, financiándolo con fondos públicos o favoreciéndolo con otras medidas, esto no asegura el carácter público del proyecto. Y qué decir entonces de que la Administración pública se desentienda de sus propias funciones públicas (en este caso las funciones públicas culturales) y deje la gestión que le es propia en manos de otros (por muy de gestión comunitaria que sean).

Las políticas públicas no deben tener por modelo los criterios utilizados en el mundo de la empresa (grande o pequeña, pública o privada), pero tampoco deben diseñarse únicamente en los laboratorios ni en los centros autogestionados, sino que se construyen combinando procesos de intervención, con procesos de libre aliento, hibridando a todos los agentes (públicos, comunes, individuales y privados), poniendo en marcha procesos e iniciativas inclusivas dejando un alto grado de dejar hacer y, por supuesto, dando cabida a todos los públicos y usuarios, ofreciendo una cartera de servicios básicos. Porque si para unos la cultura es una experimentación y un proceso para poner en práctica, para los servicios públicos es un deber y una responsabilidad. Y es la Administración Pública la que tiene la obligación de mediar entre todos estos agentes.

En los últimos años se ha ido imponiendo la gestión indirecta
[5] de los servicios públicos también en los servicios culturales, a través de diversas fórmulas de colaboración público-privada. Parece que desde algunos sectores se propone ahora la gestión indirecta, pero ahora enfocada desde lo público-social. Sin embargo, para una gestión pública real, la gestión de los servicios culturales debiera ejercerse de forma directa pública-pública que es la que mejor garantiza el mantenimiento de un servicio público como público, incluido dentro de la propia estructura administrativa de la entidad local. Si un hospital o un colegio públicos (con trabajadores y medios públicos) los ponemos en manos de un gestor diferente al de la propia Administración sanitaria o educativa, ya hablamos de otro tipo de gestión y empiezan a surgir otro tipo de entes y organismos que son más fáciles de externalizar, privatizar, etc.

La gestión directa es la que mejor garantiza el acceso a la cultura en condiciones de igualdad, y la que mejor asegura los principios de objetividad, legalidad, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la no arbitrariedad de los poderes públicos en materia de acceso y promoción de la cultura. Sin embargo, no parece ser muy ético eliminar a los funcionarios actuales que ocupan sus plazas de forma legal y legítima, para colocar como interinos a personal afín.

En el programa de Ahora Madrid se marca un objetivo estratégico que es gestionar de forma racional, justa y transparente la administración local; y se establecen una serie de estrategias para llevarlo a cabo: acercamiento de la administración municipal a la ciudadanía, proactividad y personalización de servicios; calidad, innovación y mejora continua en la prestación de servicios y en los sistemas de gestión; desarrollo del liderazgo de los responsables y del potencial de los empleados públicos; nuevo modelo de comunicación que ofrezca a la ciudadanía toda la información municipal en tiempo real; transparencia, gobierno abierto, apertura de datos y reutilización.

Nada de esto sucede en algunas Juntas de Distrito en lo referente a cultura, donde el apoyo a los procesos de gestión es nulo, a los trabajadores ni siquiera se nos tiene en cuenta en la toma de decisiones y los planes futuros –porque en algunas Juntas llevamos sin programación cultural desde hace más de un año esperando que el tejido asociativo decida y diseñe la nueva programación experimental- son completamente opacos.

Con el fin de evitar la contratación pública a empresas ajenas, las competencias culturales que corresponden a los servicios culturales del distrito se están derivando, mediante encomiendas de gestión[6], a la empresa pública Madrid Destino Cultura, Turismo y Negocio, SA y los presupuestos de la cultura del barrio, pasan a ser gestionados por la empresa pública. En la empresa la agilidad y operatividad son mayores, pero la función interventora (fiscalización previa), la función de control financiero (control a posteriori de naturaleza económico-financiera) y la función del control de eficacia (control a posteriori del grado de cumplimiento de objetivos presupuestarios y análisis del coste de funcionamiento y del rendimiento de los servicios o inversiones) son mucho menores, como hemos comprobado en los últimos tiempos con los numerosos casos de corrupción perpetrados a través de empresas públicas en la Comunidad de Madrid.

No quiere esto decir que se pretenda hacer lo mismo (de hecho, desde Madrid Destino se están abriendo cajones y destapando operaciones sospechosas), pero desde un primer momento, se han rechazado otros modelos de municipalización y gestión directa posibles, como que la selección de contenidos (programación) pudiera realizarse de forma directa en el distrito, mientras que las gestiones de contratación, administración y pagos pudieran centralizarse (p.e. creando una ventanilla y una oficina únicas en el Área de Cultura) porque si lo que quisiera evitarse son las labores de gestión y administración a la hora de las contrataciones, la empresa pública también se ve obligada a hacerlo, aunque sin menos controles de fiscalización del gasto público y con mayor liberalidad a la hora de escoger a los “programables” sin atenerse a los principios de objetividad, neutralidad, imparcialidad y responsabilidad a los que sí están sometidos los funcionarios públicos.

Pues bien, tras un proceso participativo en el que ni los responsables de los centros ni los trabajadores de los mismos hemos participado, se han aprobado dos encomiendas de gestión de los distritos hacia la empresa pública Madrid Destino Cultura, Turismo y Negocio, SA, para el desarrollo de los programas Mirador Arganzuela y Mirador Usera. Y afirmaban que, en un futuro se irían adhiriendo el resto de distritos.

De esta forma, se han creado los programas Mirador Arganzuela y Mirador Usera, justificando las encomiendas, según la Concejala en lo siguiente: “Usera y Arganzuela apuestan por la descentralización y remunicipalización de la gestión cultural en los distritos. Los distritos gestionamos instalaciones culturales pero no disponemos de recursos económicos y humanos para llevar a cabo una programación cultural sin recurrir a la contratación de empresa privadas". Por ello, ambos distritos quieren dar comienzo a un nuevo modelo de gestión cultural pública y participada, que permita dotar a sus programaciones de una coherencia e impacto mayores de los alcanzados hasta ahora. Con estas iniciativas se quiere conseguir que la cultura no sólo se consuma, sino que pase a ser una herramienta de trabajo cooperativo y capacitador, que incluya elementos de prevención de situaciones de riesgo social”[8]:

Por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 23 de abril de 2017, se Autoriza la encomienda de gestión por el Distrito de Arganzuela a la sociedad Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio, S.A., cuyo objeto es la “Programación, gestión, comunicación y desarrollo del Programa de Innovación en Cultura de Proximidad: MIRADOR ARGANZUELA”, por un plazo de ejecución previsto desde el 1 de abril de 2017, hasta el 20 de diciembre de 2019.  Para ello, se Autoriza y dispone el gasto plurianual de 1.093.713,14 euros, no sujeto a IVA, con el siguiente desglose por anualidades: Año 2017, por importe de 319.499,89 €, Año 2018, por importe de 367.362,37 € y Año 2019, por importe de 406.850,88 €.

Por Acuerdo del Consejo de  Gobierno de 30 de abril de 2017, se Autoriza la encomienda de gestión a la sociedad Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio, S.A. para el Programa MIRADOR USERA, del Distrito de Usera, con un plazo de ejecución desde el 1 de abril de 2017, hasta el 20 de diciembre de 2019. Para ello, se Autoriza y dispone el gasto plurianual de 1.238.666,45 euros, no sujeto a IVA, con el siguiente desglose por anualidades: Año 2017, por importe de 335.618,05 euros; Año 2018, por importe de 441.828,23 euros y Año 2019, por importe de 461.220,17 euros.

La figura de la encomienda de gestión es una figura controvertida. Según el Tribunal de Cuentas, en un gran número de encomiendas, la finalidad perseguida con su uso ha sido la de satisfacer las necesidades de carácter permanente, derivadas de la existencia de déficits estructurales de plantilla, a través de la aportación de medios personales. Y, en determinados supuestos, la concurrencia de encomiendas, de carácter permanente y estructural, ha dado lugar al reconocimiento, por parte de la propia entidad o a través de varias sentencias, de la condición de personal laboral indefinido a trabajadores que habían sido contratados, previamente, como temporales. (TRIBUNAL DE CUENTAS. Informe nº 1197/2016. Encomiendas de gestión del sector público autonómico. Ejercicio 2013). Mucho nos tememos que estas contrataciones sean un coladero de personal afín.

El artículo 24.6 del Real Decreto Legislativo 3/2011 Texto Refundido de la Ley de Contratos del Sector Público dice que si una entidad medio propio no puede ejecutar el 50% del encargo, es que no es suficientemente apta para realizar la prestación, por lo que no concurriría el supuesto de hecho del apartado 1.a) del propio artículo 24, y, por tanto, no cabría el encargo o encomienda correspondiente. En dichas actuaciones, se plantea la justificación de la figura de la encomienda, ya que al carecer el medio instrumental de los medios suficientes para ejecutarlos, su papel puede quedar reducido a un mero gestor en las labores de contratación que podrían haber sido realizadas por la propia administración encomendante, de lo que pudiera desprenderse que la verdadera finalidad de ésta es eludir la aplicación de la normativa contractual de aplicación y compensar la falta de capacidad y de organización para llevar a cabo las actuaciones necesarias para el cumplimiento de sus fines. 

Las encomiendas de gestión suponen una excepción a los principios de publicidad y concurrencia que inspiran la normativa sobre contratación pública, y suponen una excepción a los principios de publicidad y concurrencia que inspiran la normativa sobre contratación pública, y los requisitos necesarios para poder acudir a esta figura han de ser objeto de una interpretación estricta.

Desde los centros culturales comprobamos con asombro, que en vez de personal de apoyo y soporte dentro de la propia estructura administrativa del Distrito, a través de estas encomiendas de gestión se están creando varias figuras de nuevo personal a contratar por la empresa pública Madrid Destino Cultura, Turismo y Negocio SA y que ahora van a operar en los distritos. Por ejemplo, en Arganzuela, se crean las figuras del agente para la definición, programación y gestión (44.000€/año) y el agente para dinamizar la participación
 ciudadana en el ámbito cultural (40.000€/año) y con unas tarifas en costes de personal y actividades, totalmente desproporcionadas, según nuestra experiencia profesional. 

Nuestros salarios públicos no han alcanzado jamás dichas cifras, a pesar de encargarnos de diferentes líneas de programación, gestión, coordinación, atención a la ciudadanía, relaciones con el tejido artístico y vecinal; labores de administración, elaboración de memorias y estadísticas, evaluación del servicio, control de aforos, poner micrófonos y hasta pasar la mopa.

 

Resulta también paradójico que mientras el Área de Cultura, a través de la empresa pública Madrid Destino, Cultura, Turismo y Negocio, dedica un magro presupuesto y una línea de programación a la cultura en los distritos, los distritos, a su vez, están haciendo encomiendas de gestión pasando sus funciones y presupuestos para que los gestione la empresa pública ¿no se trataba de descentralizar y remunicipalizar? Existiendo ya unos servicios culturales en el distrito, dotados con personal municipal, por lo menos para programar, que no para la asistencia técnica, artística y profesional ¿Qué sentido tiene ese trasvase de presupuestos y funciones de la empresa a los distritos y de los distritos a la empresa? ¿Será que queremos colocar a los colegas gestores en la empresa o a los que marquen las programaciones en los distritos?

Madrid Destino es la empresa pública creada por Ana Botella en 2013 con el fin de liberalizar las políticas culturales, fruto de la fusión de las tres sociedades que creó Gallardón: Madrid Arte y Cultura (MACSA) la gestora de teatros y espacios escénicos del Ayuntamiento Madrid, Madrid Visitors & Conventions Bureau (MV&CB) la gestora de turismo y Madrid Espacios y Congresos (Madridec) la gestora de infraestructuras. Tras liquidar estas empresas y pasar sus deudas al Ayuntamiento, la empresa maneja hoy un presupuesto en torno a los 90 millones de euros. Se trata de una empresa que ha gozado y sigue gozando de una opacidad tremenda. Los trabajadores siguen sin convenio colectivo y muchas de las plazas de quienes tuvieron que abandonar la empresa por los ERE’s todavía no se han cubierto. Manuela Carmena acaba de nombrar un nuevo Consejero delegado de la empresa y de cambiar al Vicepresidente Primero del Consejo.

A día de hoy, la empresa pública no cuenta ni con un organigrama completo ni con una relación de puestos de trabajo y, en los últimos meses, se han creado numerosos puestos de trabajo de alta remuneración. A finales de 2016, el Comité de Empresa presentó una denuncia ante la Inspección de Trabajo en relación a los procesos de contratación y promoción interna que habían tenido lugar. En un año, la empresa ha duplicado los trabajadores temporales (eventuales y artísticos) y se superaron no sólo las previsiones de 2016, sino las previstas para 2017 produciéndose un aumento del gasto por encima de las previsiones. Asimismo, la empresa ha visto reducidos sus ingresos por encomiendas de gestión, y hubo reducción en el importe neto de la cifra de negocios y en los ingresos por patrocinios.

Desde la Alcaldía se ha informado de que este modelo de encomiendas no se va a extender al resto de distritos, pero el amago de colocar a personal afín en la Administración municipal se está intentando por otras vías, como la nueva propuesta de reestructuración de los distritos.

Resulta cuando menos, curioso, que mientras las últimas movilizaciones del 15M y las reivindicaciones de las diversas mareas (verde, blanca, violeta…) se oponían a las privatizaciones y recortes en los servicios públicos de educación, sanidad, igualdad, etc; poco se trataba el tema de los recortes en servicios públicos culturales más allá de alguna movilización concreta como la que tuvo lugar el 9 de marzo de 2014 a propuesta de la Plataforma en Defensa de la Cultura o algunas manifestaciones contra los recortes en los servicios bibliotecarios.

Manuel Rico, en un artículo titulado “La hora de la ‘marea cultural’: una reflexión ante el 9 de marzo”[9] , que llamaba a dicha movilización en defensa de la cultura proponía la marea roja, "una marea activa, que muestre en la calle que la cultura, en el siglo XXI, forma parte de los bienes colectivos imprescindibles del estado del bienestar".

En dicho artículo, Manuel Rico hablaba de un colectivo silencioso en materia cultural, más allá de los rostros conocidos o “famosos” del progresismo “compuesto por los usuarios de los servicios culturales, por quienes disfrutan de  la cultura gracias a la presencia en ese ámbito de la iniciativa pública. Padres y madres que llevan a sus hijos a las escuelas de música y conservatorios municipales de cientos de barrios, distritos y pueblos de nuestra geografía; jóvenes que pujan por abrir paso a grupos musicales; amantes del cine o del teatro que suelen nutrirse, gracias a los bajos precios, de la actividad de centros cívico-culturales o universidades populares; escritores y escritoras curtidos en talleres promovidos por ayuntamientos; lectores de bajo poder adquisitivo que son usuarios habituales de las bibliotecas públicas. Y hablo, en fin, de los jóvenes y no tan jóvenes a los que el 21% del IVA les ha puesto aún más lejos acceder al cine en las salas privadas, de los pequeños empresarios y autónomos que viven la decadencia o el cierre de sus librerías o sobreviven con sus pequeñas editoriales, o de los ciudadanos para los que gozar de una obra de teatro o de una ópera en las salas más emblemáticas es una auténtica quimera”.

Rico también menciona los recortes poco conocidos: Si el saqueo de las Cajas de Ahorros ha tenido como víctimas más inmediatas las redes de centros culturales o de bibliotecas, eliminadas por la vía directa, o la supresión de premios literarios y artísticos (algunos con una tradición de medio siglo) y de programas de promoción de la lectura, de promoción del teatro o de las artes plásticas, en los ayuntamientos y comunidades autónomas gobernadas por la derecha, la austeridad obligada ha golpeado con dureza a ese inmenso tejido ciudadano que, lejos de los foros televisivos y de las tribunas mediáticas, hace, cada día, posible, la cultura en nuestro país, en nuestros pueblos y ciudades. Y ese tejido (hecho de jóvenes, estudiantes, mujeres, personas mayores…) es el que sufre recortes que muchas veces pasan inadvertidos: por citar un ejemplo ilustrativo, sólo en la ciudad de Madrid, entre 2011 y 2014, los recursos destinados a todo tipo de talleres culturales se han reducido en casi un 18% (4,6 millones de euros) y los dedicados a contratación de diversa oferta cultural, en casi un 50% (4,7 millones de euros), un auténtico tajo que afecta ante todo a los sectores sociales con menor poder adquisitivo y a los distritos periféricos. Si eso se añade a los recortes ministeriales y se suma a la brutal reducción de los presupuestos de cultura en las grandes ciudades del área metropolitana madrileña bajo gobiernos de la derecha, no es difícil advertir las consecuencias que todo eso tienen en la vida cultural, en el empleo de ese sector, en una industria frágil como imprescindible”.

Ahora la situación es la contraria, existen magras partidas presupuestarias para la cultura en los distritos, pero no llegan a los centros culturales y las programaciones se mantienen en suspenso, me temo que hasta que se apliquen las Encomiendas de Gestión o se diseñe otra figura similar a la medida de algunos personajes o colectivos concretos que son los que han parado las programaciones. Se trata de poderes informales que están diseñando las "nuevas formas de gestión" con total opacidad. En algunos distritos ni siquiera a las direcciones de los centros y a las Unidades de Cultura nos permiten elegir las programaciones (teatro, conciertos, etc.) que desde Madrid Destino nos ofertan como parte de la política de descentralización de la cultura. Mientras tanto, el tejido artístico y cultural no trabaja porque no puede exhibir sus creaciones y el público del barrio no tiene acceso a las mismas. Eso sí, los teatros o salones de actos de los centros culturales llevamos más de un año dando cobertura a todo tipo de actos de partidos políticos, asociaciones, jornadas, etc. Nadie se cuestiona en qué condiciones trabajamos, con qué medios y las condiciones precarias en las que estamos.

Nadie sabe, excepto las personas usuarias, los trabajadores y responsables de dichos centros culturales –como es mi caso- cómo hemos vivido en carne propia los recortes, las privatizaciones, externalizaciones y las políticas neoliberales que agudizaban aun más si cabe, la situación precaria de la que partíamos. Porque si la burbuja urbanizadora se cernió como un águila neoliberal sobre las grandes instituciones culturales y sus desmedidos proyectos hasta desinflarse dejando infraestructuras a medio cocer diseminadas por todo el territorio o sin proyectos con los que llenar los enormes contenedores culturales, los pequeños centros culturales de distrito ni habíamos palpado los oropeles y exuberancias anteriores al pinchazo de la burbuja ya que durante aquellos gloriosos años continuamos espigando la miseria presupuestaria y la escasez de recursos -materiales y humanos-, sino también la dejadez por parte de los responsables políticos y administrativos del Ayuntamiento que nos condenó durante décadas, tanto a trabajadores como a usuarios, a una indigencia cultural a raudales en cuanto a contenidos culturales, a unas formas de gestión inadecuadas y al abandono más absoluto por la falta de apoyo público para desarrollar nuestra labor con profesionalidad y eficacia.

Hemos de recordar que, si bien en el Ayuntamiento de Madrid los cursos y talleres están sometidos a un precio público modesto que cubre el coste del servicio, las actuaciones (teatro, conciertos y programación infantil, así como las salas de exposiciones que habilitan la exhibición gratuita por parte de artistas plásticos y visuales del barrio, como a artistas acreditados) todas estas programaciones en los centros culturales municipales son de acceso libre y gratuito, por lo que estos centros de proximidad eran los que, hasta ahora, garantizaban de verdad el derecho de acceso al arte y la cultura y que a partir de ellos y su función de derecho al acceso, se justifica el infinito y más allá en las políticas públicas culturales, por lo que no es de recibo que se hayan paralizado los servicios públicos culturales en algunos distritos durante más de un año. 

Para analizar el caso de la cultura en Madrid, es preciso saber de dónde venimos, cómo estamos y a dónde nos encaminamos y, sobre todo, acabar con la opacidad y con la guerra de guerrillas actualmente existente. Ya casi hemos pasado el ecuador, tras dos años de cambio de gobierno con la irrupción de las nuevas corrientes municipalistas. Y perdonen que eche más leña al fuego ahora que el tema cultural está candente, pero precisamente por eso, hay que abordar el asunto de una vez por todas, si es que queremos desenmarañar este nudo gordiano para saber qué diablos pasa con la cultura en el Ayuntamiento de la capital. Porque o ponemos todos las cartas sobre la mesa o la farsa continúa en una guerra de posiciones sin sentido, comiéndose otra media legislatura.

En un artículo que publiqué el 14 de junio de 2015 titulado La cultura local de proximidad[10] expuse la situación y las singularidades de la política cultural local en el Ayuntamiento de Madrid, su compleja e ineficaz estructura y la falta no sólo de un plan estratégico para la ciudad, sino de unas líneas claras o unos objetivos mínimos de actuación concreta en materia cultural, por lo menos en lo referente a Política Pública Cultural que es la verdadera competencia básica local de un Ayuntamiento y la que debiera aplicarse a los centros culturales de distrito. En el resto de espacios, podemos imaginar nuevos e innovadores modelos de gestión, autogestión etc. e, incluso, seguir con la polémica y la guerra cultural hasta el infinito y más allá, pero las guerras políticas no debieran afectar a los derechos ciudadanos, y el derecho a la cultura es uno de ellos.

NOTAS:



[1] Márquez Martín de Leona, David. ¿Y si hablamos alguna vez de políticas públicas (culturales)? El diario.es http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hablamos-alguna-politicas-publicas-culturales_6_626847353.html  
[3] Informe de caso de los Talleres de formación de los Centros Culturales del distrito de Usera

[4] FRAVM: Cultura. Documentos. Propuesta de Modelo de Participación en la Gestión de Centros Culturales https://aavvmadrid.org/areas-de-trabajo/cultura/  

[6] La Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local recoge las formas de gestión. “Los servicios públicos de competencia local habrán de gestionarse de la forma más sostenible y eficiente de entre las enumeradas a continuación:
A) Gestión directa:
a) Gestión por la propia Entidad Local.
b) Organismo autónomo local.
c) Entidad pública empresarial local
d) Sociedad mercantil local, cuyo capital social sea de titularidad pública.
B) Gestión indirecta, mediante las distintas formas previstas para el contrato de gestión de servicios públicos en el texto refundido de la Ley de Contratos del Sector Público, aprobado por Real Decreto Legislativo 3/2011, de 14 de noviembre. La forma de gestión por la que se opte deberá tener en cuenta lo dispuesto en el artículo 9 del Estatuto Básico del Empleado Público, aprobado por Ley 7/2007, de 12 de abril, en lo que respecta al ejercicio de funciones que corresponden en exclusiva a funcionarios públicos”. 
[7] Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público. Art. 11 Encomienda de gestión. 1) La realización de actividades de carácter material o técnico de la competencia de los órganos administrativos o de las Entidades de Derecho Público podrá ser encomendada a otros órganos o Entidades de Derecho Público de la misma o de distinta Administración, siempre que entre sus competencias estén esas actividades, por razones de eficacia o cuando no se posean los medios técnicos idóneos para su desempeño. Las encomiendas de gestión no podrán tener por objeto prestaciones propias de los contratos regulados en la legislación de contratos del sector público. En tal caso, su naturaleza y régimen jurídico se ajustará a lo previsto en ésta. 2) La encomienda de gestión no supone cesión de la titularidad de la competencia ni de los elementos sustantivos de su ejercicio, siendo responsabilidad del órgano o Entidad encomendante dictar cuantos actos o resoluciones de carácter jurídico den soporte o en los que se integre la concreta actividad material objeto de encomienda.  
[8] Usera y Arganzuela apuestan por la descentralización y remunicipalización de la gestión cultural en los distritos
[9] Manuel Rico. “La hora de la marea cultural”. Nueva Tribuna, Público. 28 febrero 2014.  http://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/hora-marea-cultural/20140228112628101265.html  


lunes, 7 de noviembre de 2016

Sábado 19 noviembre. Día mundial del Ajedrez. Ven y vívelo en Mataelpino!!!

El 19 de noviembre fue declarado por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), como el Día Mundial del Ajedrez, en conmemoración por el nacimiento de José Raúl Capablanca. Y para celebrarlo, en El Boalo-Cerceda-Mataelpino (BCM) inauguraremos de forma oficial el Club de Ajedrez Mataelpino-Cerceda-El Boalo dando la bienvenida a todo/as lo/as vecinos/as para que conozcan las nuevas instalaciones y equipamientos. También se llevarán a cabo una serie de actividades como el I Torneo de Ajedrez Mataelpino y la Feria del Ajedrez además de concursos, charlas y talleres relacionados con el Ajedrez. (Ver Agenda Día del Ajedrez y Bases del I Torneo Ajedrez Mataelpino).

 

Queremos que esta fiesta del ajedrez sea lo más participativa posible. Todas las ideas, propuestas y apoyos serán bienvenidos. Y, por supuesto, no faltéis a la Gran Fiesta del AJEDREZ.

Más información:

Twitter: @ajedrezmataelpi

Cómo llegar a Mataelpino (Madrid): 

  • MADRID - Carretera de Colmenar M-607 en dirección a Cerceda.
  • MADRID - Carretera de La Coruña A6 hasta Collado Villalba, M-610 Cerceda, M-608 dirección Manzanares El Real desviación entre km 4-5 M-617 El Boalo-Mataelpino.
  • Buses: 672 (desde Moncloa-Madrid) y 724 (desde Pza. Castilla-Madrid).

miércoles, 26 de octubre de 2016

40 Años del movimiento ecologista


Encuentro
40 años del movimiento ecologista
Aepden - Aedenat - Ecologistas en Acción

Madrid, sábado 5 de noviembre de 2016
De 11:30 h. a 14:00 h.
Centro Cultural Galileo, C/ Galileo 39
Con las intervenciones de:
  • Joaquin Araujo. 1976-1978: origenes y fundación de Aepden
  • Luis Alberto Sanz. 1979-1983: La lucha contra el Plan Energético Nacional. Aepden y el movimiento antinuclear
  • Santiago Martín Barajas. 1984-1986: De Aepden a Aedenat
  • Elena Diaz Casero. 1987-1991: La ciudad y las propuestas ecologistas.
  • Cristina Leralta. 1992-1994: Aedenat y el inicio del movimiento antiglobalización. De Desenmascaremos el 92 a 50 años bastan
  • Reme Alonso. 1995-1998: De Aedenat a Ecologistas en Acción.
Modera y presenta: José Luis Garcia Cano

 Hace 40 años se creo AEDEN, la Asociación de Estudio y Defensa de la Naturaleza. Con este encuentro queremos dejar constancia de las acciones y hechos más destacados que ha desarrollado la organización Aeden-Aepden-Aedenat-Ecologistas en Acción en sus cuatro décadas de existencia.
(Me ha costado reconocerme en la foto y eso que... cuarenta años no son nada)

Más información: Ecologistas en acción

viernes, 14 de octubre de 2016

Woody Allen, crimen sin castigo: Delitos y faltas versus Match Point


Fichas técnicas 


Delitos y faltas. Crimes and Misdemeanours
Año: 1989     
Duración: 104 min.
Dirección y Guión: Woody Allen
País: EE.UU.
Interpretación: Woody Allen (Cliff Stern), Joanna Gleason (Wendy Stern), Mia Farrow (Halley Reed), Martin Landau (Judah Rosenthal), Anjelica Huston (Dolores Paley), Claire Bloom (Miriam Rosenthal), Stephanie Roth (Sharon Rosenthal), Alan Alda (Lester Kaufman), Jenny Nichols (Jenny), Gregg Edelman (Chris Narian) y Martin Bergman (Profesor Louis Levy).
Fotografía: Sven Nykvist
Montaje: Susan E. Morse
Vestuario: Jeffrey Kurland
Producción: Jack Rollins y Charles H. Joffe
Productora: Orion Pictures



Match Point.
Año: 2005     
Duración: 123 min.
Dirección y Guión: Woody Allen
País: Reino Unido.
Interpretación: Jonathan Rhys Meyers (Chris Wilton), Matthew Goode (Tom Hewett), Emily Mortimer (Chloe Hewett Wilson), Scarlett Johansson (Nola Rice), Brian Cox (Alec Hewett), Penelope Wilton (Eleanor Hewett), James Hesblit (Detective Banner), Alexander Armstrong (Sr. Townsend).
Fotografía: Remi Adefarasin
Montaje: Alisa Lepseiter
Vestuario: Hill Taylor
Producción: Letty Aronson, Gareth Wiley y Lucy Darwin


Similitudes y diferencias

Al igual que en Crimen y castigo de Dostoievski, en ambas películas Woody Allen nos presenta ante el dilema de qué estaría una persona dispuesta a hacer o a conservar para cometer un crimen y si se puede vivir sin remordimientos sabiendo que se es un asesino. El detonante del crimen, en ambas películas, es una infidelidad conyugal previa.

En Delitos y faltas hay citas literarias a Shakespeare, Chejov, Emily Dickinson, Joyce y García Márquez y, por supuesto, a Dostoievski. Además, la película describe un asesinato muy similar al que transcurre en Crimen y castigo. En Match Point, al protagonista se le ve leyendo Crimen y castigo y se hace mención a que discute con otro personaje sobre el libro, sin embargo, los prejuicios morales que atormentaron a Raskolnikov, le duran muy poco.

Como es bien sabido, en Crimen y castigo el maestro ruso narra la historia de Raskolnikov, un joven estudiante de Derecho que no tiene para sobrevivir. Indignado porque su hermana Dunia va a casarse con un comerciante por dinero, mata y roba a una vieja usurera que atesora mucho dinero en su casa. También se ve obligado a asesinar a la hermana de la vieja porque le sorprende en el lugar del crimen. La policía investiga el caso y le interroga. El crimen hace que  Raskolnikov esté profundamente atormentado y dude sobre su mala o buena acción. Por fin le confiesa a su amiga Sonia, así como a su hermana Dunia, las razones de su crimen. Acosado por la policía, atormentado por su propia conciencia y presionado por las dos mujeres, no aguanta más y se entrega. Es condenado 7 años a trabajos forzados a Siberia, donde le visitará Sonia.

Al igual que en Crimen y castigo, lo que plantea Woody Allen en estas dos películas es un conflicto moral sobre el crimen y el castigo, así como sobre la moral, la ética y la religión, sobre la verdad, la culpa, la suerte, la justicia divina y la humana. Allen cuenta la misma historia dos veces en estas dos películas, entre las cuales han transcurrido más de 16 años, pero aunque las sitúa en distintos lugares (Nueva York y Londres), las presenta con personajes e historias distintas y con algunos matices diferentes, en esencia, se trata del mismo tema.

El resumen de ambas películas es que la maldad no siempre es castigada. No existe moral religiosa y el único castigo está dentro de las personas. Sin embargo, hay personas que pueden vivir perfectamente sin sentir remordimientos tras haber cometido un terrible crimen.

En ambos casos, las historias individuales, así como las historiales corales le sirven Allen para hacer tanto una ácida crítica de la sociedad norteamericana (Delitos y faltas) como de la alta sociedad inglesa (Match Point).

Allen critica en Delitos y faltas la falta de moralidad de la sociedad norteamericana situada en los años 80 en donde las malas personas “respetables” que carecen de escrúpulos se hacen ricas y son capaces de cualquier cosa con tal de mantener su nivel de vida.

Existen dos tramas una de carácter más cómico (la que protagoniza Allen) y otra de carácter dramático (la del oftalmólogo Judah) que acaban uniéndose en un final magistral, pero la temática de la trama trágica es la que retoma y revisita Woody Allen para hacer Match Point. En este último caso con tintes más trágicos y sin las teorizaciones morales de personajes como el rabino o el profesor Levy que aparecían en la primera película. 

Resulta curioso y metafórico que en Delitos y faltas, todos los personajes tengan alguna relación con el tema de la visión: Judah es oftalmólogo y su padre habla de que los ojos de Dios lo ven todo, Cliff es cineasta y su oficio es mirar, al igual que Lester que es un productor de televisión, el cadáver de la mujer asesinada tiene los ojos abiertos, Ben es un rabino que está perdiendo la visión y al final se queda ciego, etc. 

En Match Point, se narra el ascenso en sociedad de un joven arribista que es capaz de todo para ascender socialmente y que incluso llega a asesinar cuando pretende mantener el estatus social que ha conseguido. Para ello, Allen utiliza una bella metáfora tenística para hacernos ver que la suerte y no el talento es lo que importa en la vida. Chris hará cualquier cosa para mantener el estatus que ha alcanzado, incluso asesinar. En la película, Woody Allen también pone en tela de juicio la moralidad de la alta sociedad inglesa, el consumismo, la banalidad, las infidelidades, la hipocresía y el clasismo.

Al final, igual que una pelota que da en la red cae a uno u otro lado por azar, Chris se salva por azar ya que tira el anillo de la anciana al río y éste choca contra el muro sin caer al agua. Un drogadicto al que posteriormente matan, lo encontrará y la policía acusará a éste del crimen, por lo que Chris quedará impune y vivirá feliz con su nuevo estatus social. En este caso, no hay teorizaciones o debates morales, sino pura acción con pinceladas de misterio. En ambas películas la consecuencia es la misma: el crimen aquí tampoco es castigado y no existe moral para el personaje ni para la sociedad que representa. Las dos películas tratan sobre la culpabilidad, pero Match Point añade la temática de la suerte.

Las películas de Allen, cargadas de psicología y reflexiones sobre lo divino y lo humano, demuestran que el director conoce a fondo la naturaleza humana.

Si Match Point se centra en la tragedia, Delitos y faltas combina a la perfección comedia y drama, el humor ácido y el pesimismo más atroz. Se trata de una reflexión sobre la moralidad de la que queda un regusto agrio en la mente del espectador. El crimen puede quedar impune y sin castigo, mientras que ser fiel a los propios principios suele conducir al fracaso. Es una película existencialista que habla sobre el sentido de la vida a través de las situaciones y las decisiones morales de los dos protagonistas: Clifford y Judah.

En palabras del Profesor Levy: “Todos nos enfrentamos en nuestra vida con decisiones, elecciones morales. Algunas son a gran escala, muchas de estas decisiones son en aspectos menores. Pero nos definimos a nosotros mismos por las elecciones que hemos hecho. Nosotros somos en efecto, la suma de todas nuestras acciones. Los eventos son tan impredecibles e injustos, la felicidad humana no parece estar incluida en el diseño de la creación. Solamente estamos nosotros, con nuestra capacidad de amar y darle sentido al universo indiferente. Y de todas maneras, la mayoría de los seres humanos parecen tener la habilidad de seguir intentando encontrar disfrute en las cosas pequeñas como su familia, su trabajo, y la esperanza de que futuras generaciones puedan entender todo esto mejor”.

Esto es lo que nos presenta Woody Allen en ambas películas, pequeñas y grandes decisiones a las que se enfrentan los personajes. Dos películas, dos infidelidades, dos crímenes y en las dos, los malos triunfan y quedan sin castigo, mientras que los idealistas y las buenas personas, están condenadas al fracaso.

 Diferencias en la estructura narrativa de ambas películas

En Delitos y faltas hay dos historias entrelazadas que están narradas de forma lineal, aunque una de ellas tiene algunos flashbacks. La acción se desarrolla en Nueva York en torno a los años 80 y las dos historias se entrecruzan narrándose en el mismo tiempo y en la misma ciudad, en paralelo.

La primera historia es la del prestigioso oftalmólogo Judah Rosenthal (Martin Landau), un hombre ejemplar con una posición inmejorable entre sus vecinos y una familia modelo. En principio, sólo comete un fallo: una aventura extramarital con Dolores (Angélica Huston). Cuando ésta quiere destruir su matrimonio y su posición social, Judah no duda en llamar a su hermano para que encargue el crimen a un sicario.

La otra historia es la del perdedor Clifford (Woody Allen), un hombre casado que ha agotado su matrimonio, un director de documentales fracasado a quien llega su oportunidad cuando su cuñado Lester (Alan Alda), a petición de su hermana, le ofrece grabar su vida de éxito y de triunfador. Poco después conoce a Halley (Mia Farrow), una chica con la que comparte gustos y aficiones y de la que enseguida se enamora. Se plantea entonces un interrogante ¿Cómo acabará esta otra historia de amor?

Estos dos relatos son la base para plantear diversas cuestiones filosóficas (la duda, la inmortalidad, la verdad, las creencias, etc.), religiosas (Dios, el pecado, la fe, el perdón, etc.), éticas (moral, justicia, virtud) y psicológicas (culpa, remordimientos, etc.) y doctrinales (el teísmo, el nihilismo, el agnosticismo, etc.), así como otras cuestiones vitales como el amor, la muerte, el dolor, etc. Lo que se plantean son continuos interrogantes y concepciones contrapuestas. Esta mezcla de drama y comedia no sólo plantea contraposiciones entre los personajes principales: Judah, Cliff y Lester, sino también entre los secundarios: los religiosos Ben y el padre de Judah, la tía atea; el existencialista Levy, etc. Hay un juego de dualidades entre religión y escepticismo, virtud y pecado, justicia e injusticia, cine y realidad, etc.

La trama de ambas historias, una combinación perfecta de tragedia y comedia que convergen al final cuando se encuentran en una boda los personajes de las dos historias, resulta verosímil e interesante y permite una honda reflexión sobre la naturaleza humana, la culpa, el castigo y la moral tanto individual como social. La diferencia de tono entre las dos historias enriquece las consideraciones éticas y morales que se van desarrollando.

En la historia del oftalmólogo se producen algunas analepsis en forma de flashbacks como cuando Judah visita la casa de su infancia, y puede ver a su familia y a sí mismo de niño ante una mesa cenando en Pascua. También hay una escena en una sinagoga donde, tras haber presenciado el cadáver de su amante asesinada, Judah se puede ver a sí mismo de joven escuchando a su padre hablar sobre que Dios todo lo ve y que nada escapa a su mirada Ve a los justos y a los réprobos y estos últimos serán castigados.

En muchas ocasiones, la unión de las dos historias de Judah y Cliff se hace por medio del visionado de películas de cine clásico por parte de Cliff y su sobrina  o, por los documentales que rueda Cliff tanto a su cuñado Lester, como al profesor Levy. De esta forma se ponen de manifiesto distintas situaciones y distintas consideraciones morales, hasta la convergencia final de las dos tramas.

Delitos y faltas cuenta con un excelente guión y unos diálogos magistrales. Allen hace una fantástica introspección sobre la naturaleza humana y sobre la sociedad que refleja. No sólo son importantes los diálogos y situaciones de los principales personajes, sino también los monólogos del profesor y de otros personajes secundarios. La figura de Allen que, como en muchas de sus películas se encarna a sí mismo, es la que nos ofrece la visión y la escala de valores que preside el relato, frente a otras visiones como la del rabino Ben o la de personajes infieles e inmorales como el doctor Judah o el cuñado Lester. Se trata de una visión con tintes de ironía, pero también muy pesimista.

En Delitos y faltas las historias están tratadas con gran realismo y naturalidad, aunque parece una tragedia también tiene numerosos toques de humor. La figura de Allen cuando aparece en escena contribuye a ello. Hay algo de suspense, aunque no se trata de un thriller, pero se desarrolla como tal. Aunque es del año 1989, en algunas secuencias semeja una película de cine negro de los años 40 como las películas que visionan Allen y su sobrina. El suspense no se basa en qué pasará, sino en qué decisiones tomarán los personajes. Todas las vidas llegan a estar relacionadas y hay varias historias entrelazadas, pero la que cobra mayor relevancia es la del doctor que quiere matar a su amante.

Drama pesimista cuyos personajes nos muestran la mediocridad de las personas triunfantes en la sociedad y su perversión a la hora de conseguir sus deseos. La terrible conclusión es que sólo las personas sin escrúpulos y los arrogantes como Judah o Lester triunfan en la vida.

Como hemos dicho anteriormente, Delitos y faltas y Match Point comparten el mismo hilo argumental, aunque en Match Point sólo se sigue una historia. En ésta, el bien tampoco sale triunfante.

En Match Point, Woody Allen se centra en una única historia que comienza en forma de comedia dramática, pero va avanzando en forma de drama e intriga hasta la tragedia. No es baladí que Chris, el protagonista, lea Crimen y castigo en su apartamento. 

La narración de Macht Point es lineal. Se nos va presentando al personaje desde que se instala en Londres hasta que va ascendiendo socialmente, comete el crimen y por fin éste se resuelve. El hilo argumental es como el de un thriller o una película de misterio que mantiene el suspense hasta que el crimen se resuelve como un partido de tenis, con una bola de partido (macht point). La ciudad de Londres con sus cielos grises, el anillo que cae bajo el puente del Támesis, la aparición de los dos policías con sus sospechas y pesquisas, son todas ellas características propias del género negro y policíaco.

La película comienza en la pista de tenis alrededor de la red de tenis con una ópera sonando y con unas palabras de Chris: “Aquel que dijo Mas vale tener suerte que talento”, conocía la esencia de la vida”. La metáfora de la pelota que choca con la red y caerá a uno u otro lado por azar, continuará desarrollándose hasta el final de la película cuando el anillo robado a la Sra. Eastby en vez de caer al Támesis cae al suelo al chocar con un muro. Parece que en ese momento la suerte está echada y que Chris perderá, pero que el anillo haya caído en ese lado de la red será, precisamente, lo que le salvará. El anillo es encontrado en el bolsillo de un drogadicto también asesinado, y la policía acusará a éste del crimen, por lo que Chris no acaba inculpado. Las escenas finales en la Comisaría y los diálogos entre uno de los policías que le cuenta a su mujer que ha soñado con la resolución del crimen ponen en vilo a los espectadores y están rodadas como las de una película de suspense y misterio.

Toda la película tiene visos de verosimilitud, excepto una escena en la que, tras cometer el crimen, Chris es capaz de ver vivas a las dos mujeres asesinadas Nola y la vecina de enfrente, la Sra. Eastby, y mantener una conversación con ellas. En ella le dice a Nola: Nola, no fue fácil, pero al llegar el momento pude apretar el gatillo y a la Sra. Eastby: Los inocentes son sacrificados a veces para dar paso a una orden mayor. Vd. fue un daño colateral. Y añade: Lo correcto sería ser descubierto y castigado. Al menos habría una mínima señal de justicia, una mínima cantidad de esperanza.

Como anteriormente se ha dicho, la tensión narrativa de la película va en aumento a medida que se desarrolla la película y la conclusión final es desoladora: No hay castigo para los que obran mal. El único castigo es la suerte, que la pelota caiga a uno u otro lado de la red.


Semejanzas y/o diferencias de la puesta en escena

En Delitos y faltas hay muchos personajes principales y secundarios bien desarrollados y armonizados, se narran dos historias paralelas y hay cambios constantes de escenarios. La exposición de la historia, los cambios de ritmo y tiempos (flashbacks incluidos), y la mezcla de comedia y drama, hacen que la puesta en escena sea realmente compleja, aunque muy bien resuelta en la narración (con un final magistral donde todo confluye y se resuelve) y en el montaje. Los diálogos son excepcionales, algunos muy ocurrentes y otros con una carga de profundidad filosófica extraordinaria y lo que es más sorprendente, en algunos casos logra combinar comicidad y metafísica en estado puro, a partes iguales. Todos ellos muy bien elaborados. En la fotografía de Delitos y faltas predominan los colores crema, hay contraluces y claroscuros, buenas composiciones y un excelente trabajo de cámara. Y la banda sonora, en la que predominan el jazz y el swing es una de las mejores de Allen ya que aporta el tempo y el ritmo adecuados para el tema tratado, crea las atmósferas precisas para las acciones de los personajes y conduce los sentimientos del público hacia lo que sugieren las imágenes.

Si en Delitos y faltas hay muchas dosis de humor y drama a partes iguales, mucha filosofía y unos perfectos diálogos no sólo entre los personajes protagonistas, sino también entre los secundarios, en Match Point, por el contrario hay escenas de pasión, lujo, intriga e, incluso, sexo. Match Point se basa más en la puesta en escena que en los diálogos de los protagonistas (a pesar de que su guión fue candidato al óscar). Hay más suspense y misterio que en la anterior, mayor corrección formal con una frialdad que pasma (y más sabiendo que procede de un director tan subjetivo y personal como Allen), y un cuidado estético mucho mayor. (A pesar de ello, a mí me gusta más la primera, quizás porque es genuinamente una obra Woody Allen, mientras que el objetivismo de Match Point podría haber sido ejecutada por cualquier otro buen realizador).

Por primera vez, Allen no sitúa la trama en Nueva York, sino que ambienta la acción de Match Point en Londres, el Londres de las clases altas inglesas con sus viejas costumbres victorianas ahora renovadas, pero donde sigue contando más el linaje y la posición social de cuna, que el éxito individual o profesional. La ópera, que ocupa la mayor parte de la banda sonora de esta película, contribuye a construir este ambiente selecto y elegante, aunque no por ello lleno de hipocresías, pero a la vez contribuye a la tensión y al desarrollo trágico de la historia dramática.

En Match Point hay un formalismo delicado, una fotografía muy buena y una sobria puesta en escena en la que casi no se observan los movimientos de cámara. Se puede decir que prima más la historia que la forma. En este caso, el maestro Allen no privilegia los diálogos sobre la imagen, como suele hacer en sus filmes. Sin embargo, hay momentos de puesta en escena y diálogos muy brillantes como cuando Chris está ante una mesa de ping-pon y se oye la voz de Scarlett Johansson, fuera de campo, que pregunta: ¿Quién es mi próxima víctima? ¿Tú? De pronto, aparece en pantalla una mujer fatal maravillosa como en las mejores escenas de cine clásico. - ¿En dónde me he metido? Contesta él. Y sigue Nola: ¿Te han dicho alguna vez que tienes un juego muy agresivo? Chris:¿Te han dicho alguna vez que tienes una boca muy sensual? Así comenzará el tórrido y tormentoso romance entre ambos que se consumará cuando se quiten la ropa en un campo de maíz, y la premonición de que en esta historia habrá una víctima, aunque no en el sentido en el que el espectador se imagina (…que también). Al contrario que en Delitos y faltas, aquí el crimen es más atroz, ya que es cometido directamente por el protagonista y no por un sicario a sueldo. La frialdad a la hora de cometer el asesinato está en consonancia con la frialdad con que se muestran los hechos y la objetividad con que parece moverse la cámara. 

Las reuniones sociales y familiares para contraponer los puntos de vista de los personajes. 

Ambas son películas corales en las que intervienen muchos personajes. En ambos casos, las reuniones sociales y familiares son algo más que el decorado para situar las historias o los personajes. Las reuniones familiares sirven para situar a las personas en su ambiente, para que sepamos de su procedencia y su extracción social, pero también para que de las interrelaciones entre ellos sepamos lo que piensan, nos informan sobre sus creencias, ideas, actitudes, etc. Las reuniones sociales sirven, a su vez, para indicarnos qué lugar han logrado esos personajes en la sociedad, pero también para hablarnos acerca de las sociedades mismas en las que los personajes están inmersos y de los valores morales que predominan, en un caso, en la sociedad estadounidense de finales de los años 80 y, en el otro, en la alta sociedad londinense a principios del siglo XXI. 

En Delitos y faltas destacan dos reuniones familiares: la de la cena de Pascua de la familia judía de Judah donde los personajes, entre los que destacan su padre y su tía May, reflexionan y teorizan sobre la vida, la moral, la filosofía, la fe, las creencias, la muerte, etc. Las conversaciones son agudas e inteligentes y desarrollan, precisamente, los mismos temas que plantea la película, aunque cada personaje tiene una teoría moral, religiosa o ética sobre la vida y esto sirve para discutir y poner sobre la mesa los distintos valores e interrogantes morales. En un momento dado, los comensales discuten sobre la moral y los impulsos humanos, sobre la fe y el nihilismo. Judah niño pregunta: “¿Y si un hombre comete un crimen? ¿Y si mata?” El padre contesta: “En Shakespeare o el Viejo Testamento, el crimen siempre sale a la luz”. Tras haber cometido el crimen, aparece otra escena de Judah joven con su padre en la sinagoga donde le escucha hablar sobre que Dios todo lo ve y que nada escapa a su mirada. Ve a los justos y a los réprobos y estos últimos serán castigados. Judah ha recibido una educación judía hiperreligiosa y en un primer momento tiene sus dudas morales sobre lo que ha hecho.

En Match Point a través de las reuniones familiares, se nos muestra a una sociedad clasista en donde para triunfar en la vida no vale únicamente triunfar en la profesión o en los negocios (como sí ocurría en la sociedad norteamericana reflejada en Delitos y faltas), sino que hay que pertenecer a la alta sociedad inglesa de hecho y no de derecho, esto es, por razones de sangre. De ahí que la escena final de Match Point deje patente que Chris ha alcanzado por fin el estatus que buscaba, no sólo cuando se casa con la hija y trabaja en la empresa de la familia, sino cuando tiene un hijo con Chloe y ha aportado un nieto y un heredero a la familia. La película acaba con la reunión familiar con el bebé y música de ópera de fondo. No hay que olvidar que Chris ha asesinado a Nola que esperaba también un hijo suyo (y que Nola también abortó a petición de Tom cuando ambos mantuvieron una relación). El joven Chris no sólo ha quedado impune de su crimen, sino que ha conseguido su objetivo y lo que más ambicionaba: mantener el estatus social conseguido y entrar en la familia Hewett.

La casa de campo de los Hewett, donde hacen las reuniones familiares, sirve para ponernos en antecedentes de la clase social a la que pertenecen estos: tienen caballos para practicar hípica, sala de armas para practicar tiro, van a la caza del urogallo, tienen biblioteca, terraza con piscina, jardines y un campo de maíz. Lo padres tienen un Mercedes con chófer y Tom un BMW descapotable, les reciben un ama de llaves y un mayordomo, y los invitados departen sobre el césped. En todo momento se oye música de ópera de fondo. 

En cuanto a las reuniones sociales, nos indican a dónde han llegado los personajes, en qué ambientes se mueven, si han tenido éxito o no en la sociedad. Pero también, nos muestran a una sociedad donde lo importante es el dinero, el consumo o el triunfo material. En el caso de Match Point, al contrario que en Delitos  faltas, los personajes hablan de banalidades  se dedican a criticar a las personas o a mofarse de los que no son de su clase ni tienen gastos caros o lujosos.

Delitos y faltas comienza con un banquete y una reunión en el Club de campo con los asistentes vestidos de etiqueta asistiendo a un acto en homenaje al oftalmólogo Judah Rosenthal. Esta reunión social sirve para presentarnos al personaje y lo que nos muestra es el ascenso social del mismo. El orador ensalza al amigo, al padre, al esposo, al compañero de golf, al médico, al melómano que compra objetos de arte (pintura y escultura) y conoce los mejores restaurantes de París, así como los mejores hoteles de Atenas, Rusia, etc. El homenaje nos presenta a un personaje que ha triunfado y se ha hecho a sí mismo, como mandan los cánones del éxito en una sociedad como la norteamericana, basada en el ascenso profesional y el enriquecimiento individual.

La película termina también con una boda, la de la hija de Ben que es a la vez un encuentro familiar y, sobre todo, social ya que permite que todos los personajes de las distintas tramas de la película se encuentren y se produzcan los desenlaces. Los diálogos y las situaciones entre ellos irán poniendo punto y final a todas las historias planteadas a lo largo de la película.

En Match Point, toda la película se desarrolla en torno a los ambientes sociales de las clases altas inglesas a los que el joven Chris quiere aspirar. Así, se nos muestra a los personajes en el Club de tenis, en restaurantes de lujo donde se toma caviar y se bebe champagne, en la ópera, en el teatro, etc. y estos ambientes sirven para marcar las diferencias entre los que de verdad pertenecen a esa clase social (tienen gustos caros y lujosos, juegan en bolsa y viajan) y el arribista que quiere ascender a ella (que en principio pide pollo asado, pero posteriormente se compra un suéter de vicuña en la tienda de Ralph Lauren y cuando se casa, tiene un jaguar).

En las reuniones sociales entre Chris y los Hewett, al igual que cuando la madre habla de Nola con desprecio por ser actriz y norteamericana y no pertenecer a esa clase social, se marcan las diferencias sociales entre el joven irlandés y la decadente familia inglesa por los comentarios sobre sus gustos, propiedades, objetos de consumo, etc. El consumo cultural también marca las diferencias entre ellos. Los personajes van al cine, al teatro, a la ópera, a galerías de arte, etc. como símbolo de estatus social y no cultural. En un momento dado Tom dice, Papá dona fortunas a la ópera del Covent Garden. ¿Quieres ir a la ópera?, tenemos un palco y siempre falla alguien. Es la Traviata de las narices. Todas las conversaciones son insustanciales, excepto cuando Chris se encuentra con un antiguo compañero del tenis y le cuenta sus temores y progresos: Hay que tener amigos, Henry. Tengo relaciones con una chica. La familia está forrada de dinero. Una gran finca, criados, caballos de polo. ¿Verdad que es increíble cómo cambia la vida el que la pelota salte la red o vuelva hacia ti?


El papel de las localizaciones para situar las historias: Nueva York y Londres

En Delitos y faltas el escenario de fondo es Nueva York, el sitio habitual donde suele filmar Woody Allen y cuyo ambiente tiñe e impregna todas sus películas. La película muestra exteriores como Central Park, la 5ª Avenida y otros escenarios reales como cines, un club de jazz, etc.. Aunque también hay escenarios en estudio.

En un momento dado, el personaje de Allen regala a su sobrina un libro sobre fotografía de la antigua Nueva York e ironiza sobre la vieja Quinta Avenida, el viejo Madison Square Garden que ha cambiado de emplazamiento varias veces, los bares clandestinos de la prohibición, etc. Hace aquí mención a la poca historia que tiene la ciudad de Nueva York, si se compara con la antigüedad histórica y artística de que gozan las ciudades de la Vieja Europa.

En Match Point los exteriores muestran algunos de los lugares más emblemáticos de Londres. Chloe hace de cicerone por la ciudad enseñándosela al recién llegado Chris que es irlandés y realizan un recorrido por el exterior de la Galería Saatchi, caminan por el Río Támesis y se puede ver el puente de Westminster, las casas del Parlamento, etc. Ambos pasean frente al Palacio de Backingham y ven el cambio de guardia, aparece el edificio de la Ópera al fondo, etc. También se ve la Tate Modern, el parque St. James, el exterior de la tienda de Ralph Lauren en Chelsea, etc. El río Támesis se puede ver desde el apartamento, acuden a un palco de la Royal Opera House y Chloe espera en el Palace Theatro mientras Chris comete el crimen.

Match Point es un perfecto drama en medio de la opulencia y el lujo de las mansiones victorianas, los apartamentos de lujo con vistas al Támesis, los restaurantes carísimos, las tiendas de moda de precios desorbitados, los museos y galerías de arte moderno, los palcos de la Ópera o los selectos Clubes de tenis. En el Londres del siglo XXI se comete un crimen a la manera del que cometió Raskolnikov en el siglo XIX, pero aquí, la ciudad neblinosa y en blanco y negro de Jack el destripador ha sido sustituida por los colores de la elegante y lujosa Londres contemporánea. Y los protagonistas no son gentes del hampa y de los bajos fondos, sino guapos, atractivos y asquerosamente ricos. Aunque, finalmente, el falso culpable resulte ser un drogadicto muerto en un ajuste de cuentas.

Mientras que el escenario de Delitos y faltas es Nueva York, la película Match Point rezuma Londres por todos y cada uno de los fotogramas. En ambos casos, estas ciudades no sólo sirven para situar a los personajes y sus respectivas tramas, sino para hacer una crítica agria sobre la moral e hipocresía tanto de la sociedad norteamericana que basa el éxito social en el dinero, como de la caduca alta sociedad inglesa que mantiene el linaje como único modo de situarse o mantenerse en lo alto de la pirámide social.


Cine dentro del cine

Aparte de que en muchas de sus películas Woody Allen nos muestra sus gustos y su pasión por el cine, en estas dos películas también se añaden otros significados al hecho de que los personajes vayan al cine.

En Delitos y faltas hay continuas referencias cinéfilas. Se cita Cantando bajo la lluvia y los personajes de Mía Farrow y Woody Allen la ven juntos en una escena en la que éste último intenta ligar con ella. La película no se muestra, sino que únicamente se oye una canción de fondo. Woody dice “Es la única película que tengo, la veo cada 2 meses para mantenerme de buen humor”. Sin embargo, sí se reproducen imágenes y diálogos de las películas El cuervo (This gun for hire de Frank Tuttle, 1941), Matrimonio original (Mr. And Mrs Smith, de Alfred Hitchcock, 1941), El último gánster de Edward Ludwig, 1937 y  Happy Go Lucky de Curtis Bernhard,1943. En algún momento también aparecen carteles de cine como La chinoise.

Las secuencias donde aparecen estas películas sirven como nexo de unión de las dos historias paralelas de Judah y Cliff, esto es, cumplen la función de aunar el drama con la comedia y dar a entender a quien visiona el film, que ambas historias son complementarias.

Tras una terrible discusión entre Judah y Dolores, en la película aparecen Cliff y su sobrina Jenny viendo una escena de Matrimonio original (Mr. and Mrs. Smith) la única comedia de Alfred Hitchcok, 1941. La película trata de un matrimonio modélico y singular formado por Davir (Robert Montgomery) y Ann (Carold Lombard), que acostumbra a arreglar sus diferencias encerrándose en su habitación en espera de que el amor lo solucione todo. Un día, ambos descubren cada uno por su cuenta, que por irregularidades legales no están en realidad casados. David le oculta esa información a Ann, sin saber que ella la conoce. Y Ann le echa de casa. Él deberá ingeniárselas para recuperarla, mientras Ann, en un ataque de recuperada soltería, comenzará a coquetear con Jeff, un viejo amigo del matrimonio y socio de David que siempre ha estado enamorado de ella. 

Tras la escena en que Judah pide a su hermano, de forma velada, que acabe con su problema y mate a Dolores, aparece otra en la que Cliff y su sobrina ven la película de cine negro El cuervo (This gun for hirede Frank Tuttle, 1942. En esta escena se ven las imágenes en las que una persona elegante está hablando con su chófer sobre la comisión de un crimen perfecto y sobre cómo matar a una chica para que el crimen quede impune. Tras las imágenes, Cliff le comenta a Jenny: ¡Oh esas cosas sólo suceden en las películas! El cuervo, basada en la novela de Grahan Green y protagonizada por Verónica Lake y Robert Preston, es una película de cine negro en la que un matón llamado Raven (cuervo) es contratado para que cometa un asesinato. 

Tras una escena en la que Judah recibe la noticia de que un inspector de policía le ha llamado a la consulta, se pasa a otra escena en el interior de un cine en el que se proyecta la película Happy Go Lucky de Curtis Bernhardt, 1943, una comedia musical en donde una actriz canta, acompañada de una orquesta, la canción Murder He Says. Cliff y su sobrina comentan la película y opinan que es divertida y Jenny le dice que cuando sea mayor quiere convertirse en actriz. Cliff le contesta: "No quiero que sea actriz. Quiero que esté en el Tribunal Supremo, o sea médico o algo por el estilo. El negocio del espectáculo es como una merienda de negros". Al final de la escena le dicen por teléfono a Cliff que el profesor Levy se ha suicidado.

El último gánster la visionan Cliff y su sobrina después de que Halley le haya dicho que se marchaba fuera tres o cuatro meses. El diálogo entre ambos termina: No te veré en 3 ó 4 meses, es como si me mandaran a la cárcel todo este tiempo. Entonces se ven las imágenes de la película donde aparece el penal de Alcatraz en San Francisco, las celdas y Edward G. Robinson metiendo ropa un una lavadora industrial en cuyo tambor girando aparecen las palabras días y meses sobreimpresionadas. La sinopsis de esta película es la siguiente: Mientras el mafioso Joe Krozas (Edward G. Robinson) cumple condena en prisión, su esposa se ha desembarazado de los turbios asuntos de su marido y ha iniciado una nueva vida con el reportero Paul North (James Stwart), con el que vive junto al hijo que tuvo con Krozac. Cuando los diez años de pena en Alcatraz se cumplen, Joe es liberado y no piensa en otra cosa que en vengarse de su mujer  recuperar a su hijo.  

Así pues, además de un homenaje al cine y al cine clásico norteamericano de los años 40 en particular, en Delitos y faltas el que los personajes vayan al cine cumple una función narrativa que es unir las secuencias que tratan las dos historias paralelas. Una genial idea y muy fructífera a la hora del montaje. 

En Match Point, cuando tras recorrer la ciudad de Londres, Chloe y Chris aparecen el interior de un cine, es allí donde se dan el primer beso. Posteriormente quedan para ir al cine, en principio les da igual la película, pero Chris quiere asistir pensando que irá Nola. Se ve un letrero luminoso que anuncia la película y al descender del taxi, Tom grita sorprendido ¡Diarios de motocicleta! Chloe contesta: "Seguro que la ha elegido ella (Nola). No me creo que sea la que tú quieres ver". La película, didiriga por Walter Salles, 2004 narra el viaje del Ché Guevara (Gael García Bernal) y su amigo Alberto Granados (Rodrigo de la Serna) por América Latina cuando el Ché apenas contaba 23 años. Así pues, en este caso, la secuencia de la película sirve para marcar las diferencias entre los gustos de Nola y los de la rica familia de la alta sociedad inglesa. 

Mientras en Delitos y faltas, ir al cine tiene un sentido educativo y didáctico que Cliff quiere inculcar a su sobrina (aparte de las funciones de encadenado entre las dos tramas de la historia y del propio homenaje al cine, que se han expuesto anteriormente), en Match Point los personajes van al cine como un acto social y como otra forma cualquiera de ocio y consumo cultural: teatro, cine, museos, conciertos, etc.


El papel de la música: El jazz en Delitos y faltas y la ópera en Match Point

La música y los sonidos también contribuyen a crear un escenario. El jazz es la música norteamericana por excelencia y Delitos y faltas se desarrolla íntegramente en Nueva York. De sobra es conocido que Allen toca el clarinete con una orquesta de jazz en un pub de Nueva York y que ha dado conciertos con su banda por todo el mundo. Por el contrario, en Macht Point, la ópera no sólo construye un escenario situando a los personajes en un ambiente de clase alta londinense, sino que también las distintas piezas de ópera van anunciando la tragedia que se avecinará.

En Delitos y faltas hay algunas citas sobre Mozart, Bach y Schubert, y también la banda sonora contiene extractos de estos dos últimos. Se escuchan, pues, algunos temas de música clásica, pero sobre todo, en la banda sonora hay temas románticos y caribeños, y predominan los ritmos de jazz y swing. Entre las canciones de Delitos y Faltas encontramos las siguientes:
  •  Rosalie (Cole Porter)
  •  Dancing on the Ceiling (Richard Rodgers y Lorenz Hart)
  •  Home Cooking (Hilton Ruiz)
  •  I’ve Got You (Frank Loesser y Jacques Press)
  •  Murder He Says (Frank Loesser y Jimmy McHugh)
  • Cuban Mambo (Xavier Cugat, Rafael Angulo y Jack Wiseman)
En una de las escenas, los personajes visitan un club de jazz y se ve y oye a una orquesta tocando Rosalie (música diegética). También aparece la canción All I Do Is Dream of You cuando los personajes visionan la película Cantando bajo la lluvia, de la que no se ve ninguna imagen, simplemente se oye esta canción de fondo.

El jazz, es pues, la música adecuada para la ambientación de una historia que se desarrolla íntegramente en Nueva York, no en vano, es un género que nació en el siglo XIX en Estados Unidos y que sirve para identificar a la sociedad norteamericana. También los personajes pertenecen a una clase social culta, intelectual y de éxito social que, como el jazz, combina las raíces de la música popular con la música clásica. La improvisación y la libertad interpretativa propias del jazz, dan a la película un tempo y un ritmo muy adecuados para el tema que se está tratando y las distintas piezas crean las atmósferas precisas no sólo para las acciones de los personajes, sino también para los sentimientos del público. La película tiene una excelente y profusa en cantidad y calidad, banda sonora.

En Match Point los personajes van a la ópera, pero también la ópera está presente como elemento no diegético. Las piezas de distintas óperas van anunciando, in crescendo, la tragedia. Mientras que Chris comete el asesinato de Nola y dispara a la vecina del apartamento de enfrente, también se oye ópera de fondo aunque, en contraposición, su mujer Chloe le está esperando para ir juntos a un musical.

Fragmentos de Verdi, Rossini, Bizet y Donizetti sirven para aliñar las escenas de pasión, bodas, misterio, tragedia y, por fin, triunfo; y crean en los espectadores los sentimientos y las emociones adecuadas para cada ocasión. La película comienza con música de ópera sonando alrededor de una red de tenis y termina con música de ópera con la familia reunida y brindando en torno al bebé que Chris y Chloe han traído al mundo. ¡Bola de partido!

Y, por supuesto, la ópera también identifica a Europa, frente a EE.UU. y a una clase social conservadora, victoriana, selecta, caduca y repleta de dinero: la alta sociedad inglesa.


Fotogramas de Delitos y faltas (Woody Allen, 1989)


Fotograma de Match Point (Woody Allen, 2005)