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miércoles, 5 de junio de 2013

La cebolla hipertextual. 72ª Feria del libro de Madrid

Observando el cartel de la 72ª Feria del Libro de Madrid, me ha llamado significativamente la atención, que aunque Juan Gatti, el diseñador, dice que ha pretendido reivindicar la importancia del libro impreso y del papel frente a las propuestas digitales, lo que realmente ha diseñado es un entorno de realidad virtual en donde el libro (el objeto libro) se convierte en un espacio en 3D y sitúa al personaje a punto de traspasar esa puerta para introducirse en el objeto mismo y en esa experiencia que es la lectura.    

El lector se adentra en la lectura, penetra en el libro y en la aventura de leer y pasa del claroscuro al color. ¿No es la misma metáfora que suele utilizarse en el medio digital -aunque en este caso se prefiere una ventana en lugar de una puerta-, donde el lector o el visitante se adentran en las entrañas de la información, recorren el espacio informativo y, en suma, viven una experiencia apasionante?

“No te adaptes a la carretera, sé la carretera”, decía un anuncio de coches en el que Bruce Lee, quien antaño lo resolvía todo a mamporrazos, afirmaba: “Be water”, sé agua. Ese dejarse fluir, vivir el objeto desde dentro y no con la razón contrasta con la tradicional consideración de la lectura como actividad eminentemente intelectual.  

En algún sitio estará el término medio entre los intelectuales a la vieja usanza (los que hoy desdeñan los nuevos medios digitales y sus posibilidades para la expresión, la educación, la democratización y el acceso a la cultura) y la nueva hornada frikilandia, nacida al albur de la parquetematización y mercantilización de eso que hoy llaman las industrias culturales, para quienes cualquier intento de abstracción más allá del vivir y sumergirse en las pantallas, dejándose llevar por la corriente sin pensar, es antediluviano y plúmbeo.

Una vez enterrado el sombrío y solitario capitán Nemo en las entrañas de la isla misteriosa desaparecida en el océano bajo las erupciones de un volcán, han surgido numerosos navegantes y exploradores –grumetes, pilotos, marineros expertos, corsarios y bucaneros- que bogan, avanzando a toda máquina, en un Nautilus social hoy sumergido, pero que tarde o temprano emergerá.

Porque aun quedan muchos mares por explorar más allá del capitán Alatriste, soldado de los Tercios Viejos, Grande de España y espadachín a sueldo; y más acá de Vulcano, patria de Spock, miembro de la flota estelar del Enterprise.

Los llamados intelectuales han desdeñado, desde siempre, la cultura de la imagen y no digamos, la cultura del audiovisual. Y siguen levantándose voces contra la cultura digital dejándose llevar por la ignorancia en vez de basarse en criterios sólidos y en un pensamiento analítico y crítico reales, pues lo que no se conoce no se puede analizar, y mucho menos apreciar.

Todos conocemos la temperatura a la que arde el papel, pero pocos comprenden (y menos aun los intelectuales que desdeñan la cultura digital) el milagro de poder diseñar bibliotecas enteras, a partir de los cambios discretos de un exiguo electrón.

Aquí no estoy hablando de tecnología, sino de cultura. Porque ya es hora de que los suplementos culturales de los periódicos de mayor tirada, incluyan o se refieran de vez en cuando, a las nuevas formas de hacer y compartir cultura y a las aportaciones que tanto Internet como los medios digitales, están suponiendo para el mundo del arte, de la información y del conocimiento en general, en vez de limitarse a publicitar cada nuevo cachivache bajo el epígrafe de Tecnología, o de colgar la bandera de las dos tibias y la calavera a los barcos que navegan sin bandera.

Como dijo Ray Bradbury: “Hay que tener mucho cuidado con los intelectuales y los psicólogos, que te intentan decir lo que tienes que leer y lo que no”. Yo añadiría que, cuidado también con los psicólogos del marketing cultural para quienes el libro es únicamente un producto o una marca que hay que posicionar en la mente del consumidor.

El libro no es únicamente un producto, pero tampoco un objeto sagrado. Hay libros buenos y malos estén estos en papel o en soportes digitales. El mismo spam existe en papel que basura informativa hay en Internet y en ambos medios podemos encontrar verdaderas joyas y tesoros bibliográficos.

Cada medio tiene su función y si para la narrativa, en general, el papel sigue siendo un medio muy útil; para las revistas y la prensa escrita, diccionarios, enciclopedias, manuales y obras de referencia, literatura gris, narrativa infantil, libros de texto y de divulgación científica, etc; el medio digital es el ideal, puesto que permite una actualización continua y un acceso directo al contenido, además de permitir el aparato critico y referencial, y poder enriquecer el texto con contenidos multimedia.

En contra de lo que suele pensarse ya que el hipertexto permite, mediante los enlaces semánticos, saltar de una información a otra, el hipertexto es, sobre todo, útil para la información muy jerarquizada y estructurada.

Los enlaces sirven no sólo para las conexiones semánticas y lógicas, sino para configurar y estructurar el propio espacio informativo. Y este puede acompañarse de herramientas como índices, tablas de contenido, barras de navegación de todo tipo: generales, locales, contextuales, funcionales, referenciales, etc.

De ahí que las revistas y la prensa escrita sean el medio ideal para aplicar el modelo hipertextual pues no sólo permite combinar imagen, texto, audio y audiovisual, infografías y mapas dinámicos, sino también estructurar el propio espacio informativo jerarquizando los temas con distintos tamaños y tipografías o disponiendo los bloques de información según sea esta más o menos relevante, pero también permitiendo que el lector pueda ampliar o profundizar en la información que le interesa haciendo clic sobre un enlace.

La información hipertextual puede presentarse como las capas de una cebolla, superponiendo diferentes asuntos del mismo tema en capas temáticas relacionadas, o profundizando en el tema hasta llegar al corazón de la hortaliza.

Y todo ello sin perder de vista que podemos combinar nuestra cebolla con otros tubérculos y plantas con rizoma para condimentar, al fin, una suculenta y nutritiva menestra que podemos degustar solos o en compañía, pues la digitalidad revela el milagro de la multiplicación de los panes y las cebollas donde de un único plato accesible, comen miles. Y el contenido del plato nunca se vacía.

Y lo que es más interesante para los bibliotecarios y documentalistas, en la capa superior que forma parte de la  propia cebolla y que suele ser muy fina y de color marrón, podemos incluir metadatos con los que identificar y describir la cebolla, así como extractar su contenido: nombre científico y clase, localización en el espacio, a qué huerto pertenece, quién ha plantado la cebolla y cuándo, en qué lengua se expresa, si el cultivo ha sido orgánico o transgénico, con qué otras cebollas mantiene relaciones, etc.

Que ya se encargarán los fisgones buscadores, cuando pidamos un menú a la carta, de recolectar los metadatos y servírnoslos en las bandejas de búsqueda, a los posibles usuarios.

Si los primeros hipertextos eran tristes cebollas bastante enmarañadas, ahora existen espléndidos campos de cebollas perfectamente irrigados, con caminos de acceso correctamente planificados y señalizados, ya se trate de huertos industriales o plantados a mano. Y que huelen como huelen las nubes del anuncio o sea, a cualquier cosa que no sea una cebolla y allí donde la imaginación nos lleve.

El poder profundizar en un tema concreto, referenciarlo, conectar con otros asuntos y poder desarrollar la información con distintos niveles de profundidad y amplitud ha dado lugar a un nuevo tipo de documento (el documento hipertextual) e incluso a un nuevo tipo de periodismo, el periodismo documental.

De igual forma, el poder acceder, tratar y vincular los datos de forma dinámica e interactiva, está dando origen a lo que se denomina periodismo de datos. Esto es, tratar los datos en crudo para reelaborar la información y mostrarla en forma de infografías, gráficos dinámicos e interactivos, pues a veces la información entra mejor por la vista, y de golpe, que por el oído.

La visualización de datos es una rama del nuevo periodismo con mucho futuro por delante. La objetividad y la transparencia informativa debieran referirse a tener acceso a los datos en crudo y no previamente cocinados por grupos mediáticos, lobbies empresariales, administraciones o gobiernos, sean estos más o menos democráticos.

El acceso abierto se refiere no a que los documentos generados y producidos por el sector público nos los sirvan maquetados en un simple pdf, sino a que los datos y las bases de datos generadas por la producción científica y técnica financiada con fondos públicos, sean tratados con estándares y protocolos para datos abiertos y vinculados con el fin conseguir la integración de datos y generar bases de conocimiento.

Es lo que los informáticos denominan sistemas expertos que no es ni más ni menos que una base de datos que representa objetos, relaciones y reglas mediante un lenguaje y un vocabulario de representación entendible por máquinas, sobre un campo concreto del conocimiento (ontología), para que a los humanos nos resuelvan las dudas en una consulta.

Ojo, hablo de datos, que los agentes de software no nos van a resolver la vida a nadie aunque nos tumbemos en un diván online. Seremos nosotros, los humanos, los que actuaremos en consecuencia.

Quizás esto no tenga mucha importancia en una biblioteca pública local, pero sí en las bibliotecas universitarias especializadas y, en general, para el desarrollo científico y técnico de este país, y para la transparencia y buen gobierno de la Administración.

Para ello no haría falta crear organismos ad-hoc, consejos independientes u otras pamplinas, sino que sería necesaria una caterva de documentalistas y bibliotecarios aplicando estándares abiertos y vinculados de metadatos en todas las oficinas de las Administraciones donde se generaran datos de interés público.

Esa es la verdadera transparencia, pero a quienes va a dirigida y que son precisamente quienes están gestando una ley sorda y muda, no saben siquiera de qué estamos hablando.

En un mundo hipertecnologizado e hiperconectado la tecnología cansa y muchas veces nos refugiaremos en el papel y en el libro tradicional. En otros casos, escogeremos el medio digital. Como dice la canción depende, todo depende.

En cuanto a la copia, por supuesto que esta es mucho más fácil en la red, pero la clonación no es patrimonio de Internet. En el mundo de la imprenta el uso y abuso de ciertos temas que ya se fecundan in vitro de 3 en 3 o de 6 en 6 y con derechos de emisión audiovisual incluidos, también cansa o… cansará.

El mundo de la imprenta, además de sufrir una cansina y pavorosa invasión de zombis y vampiros, hoy está infestado de replicantes. La originalidad no es una mercancía en alza en el panorama editorial impreso.

Los demonios e infiernos, los códigos y las cámaras secretas, el uso y abuso de bibliotecas, museos, catedrales, santos griales, etc; como fondos de pantalla para la literatura hecha en papel, es un virus que se propaga con tanta virulencia como la peste negra lo hizo en el medievo. Esperemos que a la crisis del capitalismo global, le sucedan un Humanismo 2.0 y un Renacimiento 3.0

La lectura es casi siempre nutritiva y muchas veces refrescante, a través de las pantallas o en papel. No hay por qué decantarse por uno u otro medio. Lo único que ha sucedido es que se ha ampliado la panoplia de posibilidades, podemos elegir.

La función de las bibliotecas es permitir el acceso a la cultura para que sean los propios individuos quienes decidan sobre sus gustos y necesidades de lectura; y la función social de las bibliotecas es también ayudar a que los ciudadanos desarrollen un pensamiento crítico, analítico e incluso creativo en relación a sus lecturas y… a sus vidas. Sin presiones del Estado o del Mercado. Que hoy no se sabe cuál de los dos es el verdadero Leviatán.

Aunque el libro sea la respuesta, en el mundo actual no todo está en los libros o, por lo menos, en los libros en papel. 

El libro más leído en la actualidad no es el Quijote ni las obras de Shakespeare, sino el gran hipertexto de la World Wide Web.

La sustancia de un documento es la información, y la sustancia del (hiper)documento del siglo XXI es la información CONECTADA.

A pesar de que la digitalidad permite virtualizar los dispositivos (p.e. reproductores multimedia virtuales), cada vez proliferan más los cachivaches y dispositivos. Cabría preguntarse si tiene sentido la edición en formatos y dispositivos cerrados, en formatos no estandarizados o en formatos propietarios que no son de dominio público 

A efectos del acceso, búsqueda y recuperación de la información ¿es útil la información en dispositivos cerrados? ¿Cómo evitar la obsolescencia tecnológica? ¿Y la obsolescencia programada por las marcas comerciales de los dispositivos (hardware y software) propietarios? ¿Tienen sentido hipertextos cerrados que no se abren a la red de acceso universal en línea?

El viejo fetichismo que existe en torno al objeto libro, se está trasladando a los nuevos contenedores y dispositivos digitales (móviles, tablets, ebooks, etc.), volviendo a minimizar el contenido, cuando los medios digitales actuales hacen posible, incluso, librarse del fetichismo de la mercancía en la producción y el acceso a la cultura. Pero estamos hablando de una cultura y una sociedad nuevas.

Hay una cultura que emerge más allá del papel, un mundo digital en el que caben todos los libros, todas las bibliotecas, museos, archivos, ideas, acciones y conversaciones y… todas las cosas que el pensamiento humano es capaz de imaginar y compartir.

El libro no debería ser la respuesta, más bien debería ser el umbral de una puerta desde la que hacernos muchas, muchísimas preguntas.

Esta es parte de mi intervención con la ponencia: Bibliotecas sin papel, el documento como sustancia, dentro del Encuentro "Nuevas lecturas, nuevas bibliotecas" organizado por el Ayuntamiento de Madrid y celebrado en la Biblioteca Pública Eugenio Trías Casa de Fieras del Retiro, 5 de junio de 2013.

lunes, 2 de febrero de 2009

Del lector al usuario. La lectura hipertextual

"Pero cuando estaba leyendo, sus ojos se deslizaban sobre las páginas y su corazón buscaba el sentido, mas su voz y su lengua estaban mudas. Vinieron visitantes para observar este prodigio".

San Agustín viendo leer a San Ambrosio.

"Nunca ninguna dictadura ha impedido ver y, sin embargo, todas han prohibido mirar".

Josep M. Català Domènech. "La rebelión de la mirada".

De la misma forma en que San Agustín quedó maravillado al ver a San Ambrosio leyendo en voz baja mientras sus ojos "se deslizaban" sobre las páginas, hace apenas un lustro nadie pensó que "deslizar" la vista sobre las pantallas se convirtiera en un acto tan natural y cotidiano como ha llegado a ser hoy navegar por la información y por las páginas del hipertexto. El soporte libro tenía asegurada su continuidad pues, como afirmaban muchos teóricos y defensores de la letra impresa, el libro seguiría siendo el soporte primordial para la lectura reflexiva y pausada, mientras que la lectura en pantalla sólo conducía a una lectura fragmentaria, al salto de una porción de texto a otra sin un hilo discursivo coherente y sin una continuidad lógica aparente. La lectura, emancipada de un autor que había sido hasta ahora el verdadero motor, guía y conductor del texto, sumía ahora al lector en el desconcierto, la pérdida de orientación, el desbordamiento cognitivo, etc.

Nada más lejos de la realidad actual, si bien el libro sigue siendo el soporte por excelencia para tratar cierto tipo de temas como las obras de ficción y novelas de entretenimiento, el hipertexto se ha convertido en el soporte primordial no sólo de las llamadas obras-herramienta (diccionarios, manuales técnicos, enciclopedias, etc.) sino también de las monografías y artículos científicos, ensayos, etc. La causa de que el libro impreso siga siendo, por ahora, el soporte primordial de novelas y demás obras de ficción y entretenimiento es, en primer término, su portabilidad.

Este tipo de lecturas se llevan a cabo en ambientes distendidos en los que no se precisa mucha concentración y son el complemento ideal para leer repantigados en nuestro sofá favorito, completar una jornada leyendo unas páginas antes de irse a la cama, disfrutar con la lectura tumbados en la hierba o bajo una sombrilla en la playa, sentados en un café o aprovechando el tiempo muerto que pasamos diariamente en los transportes públicos, etc. Sin embargo, la lectura reflexiva requiere de un ambiente silencioso y adecuado para la concentración, y suele hacerse en la sala de estudio donde la presencia de un ordenador se ha convertido en una herramienta imprescindible tanto para el ocio, como para el trabajo.

Es más, si las bibliotecas eran los templos del saber pues en ellas se contenía toda la información que precisábamos, ahora es la World Wide Web la depositaria de todo ese conocimiento y desde nuestra propia sala de estudio, a través de la pantalla, podemos acceder a toda la información que precisamos con un clic de ratón y sin intermediarios. El temido síndrome de "perdidos en el ciberespacio" que utilizaban los primeros teóricos del hipertexto ha sido solventado no sólo por el desarrollo de índices y directorios, motores de búsqueda y otras herramientas de navegación, exploración y búsqueda que facilitan el acceso y la recuperación de documentos en la red o por el desarrollo y la puesta en práctica de nuevos lenguajes semánticos, la aplicación de técnicas de indización y clasificación, etc. para los documentos de la Web; sino por un mayor conocimiento del medio por parte de autores, lectores y usuarios.

El hipertexto se convierte, pues, en el lugar y el espacio idóneos no sólo para la obtención de información, para el entretenimiento, la comunicación y el ocio, sino también para la lectura reflexiva y para el aprendizaje. Y es el lector el que construye el texto a su medida conectando, en el acto de lectura, todos los textos o fragmentos de texto que sean de su interés, sin que tenga demasiada importancia quién es el verdadero autor de toda esa información disponible al alcance de la mano y si dicha información, en origen, constituye o no un texto cerrado. La lectura se convierte, pues, en un proceso proactivo, reflexivo y dinámico en el que el lector actúa y toma decisiones por sí mismo. Esto es, el lector pasivo del texto impreso, se convierte a la fuerza, en el hipertexto, en un lector activo obligado a tomar el control de "su lectura" mediante la adopción de decisiones constantes. Y en un lector que "usa" cualquier información accesible según sus necesidades e intereses. De ahí la conversión del lector en usuario.

El navegante, que tiene ante sí una multiplicidad de posibilidades de lectura distintas, tiene que decidir por sí mismo qué camino tomar y puede elegir distintas vías de forma simultánea. Aunque en el acto de lectura mismo se sigue una linealidad temporal, el hipertexto posee una multisecuencialidad espacial, esto es, se pueden desplegar múltiples ventanas ante la vista, frente a los límites y linealidades espaciales y temporales que imponía el texto impreso.

En el hipertexto, el lector no alfabetizado en este nuevo contexto tecnológico puede realmente ser ese huérfano perdido en el ciberespacio que preconizaban los primeros teóricos del hipertexto, pero quien conoce el medio y toma las riendas de lectura eligiendo su propia senda, no es en realidad un huérfano, sino que se convierte en una figura hasta ahora inusitada: un lector independizado por completo del autor y un lector independizado del texto cerrado. Cualquier acto de lectura se convierte, de esta forma, en un proceso individualizado y leer un hipertexto por parte de uno u otro usuario constituye una forma única y diferenciada de lectura. Y, al igual que en el mundo analógico depende de las habilidades del lector que la lectura se convierta en un acto superfluo o en un acto reflexivo, la lectura hipertextual exige, por principio, un lector más activo que no se deja guiar únicamente por lo que marca un autor o por la disposición de un texto, sino que está obligado a tomar decisiones a cada instante.

El hipertexto convierte al lector en usuario pues es el lector quien usa el texto a su antojo eligiendo qué leer, cómo ampliar la información, cómo desechar los fragmentos que no son de su interés y cómo saltar de un fragmento de información a otro. Los enlaces son puentes de lectura entre unos textos y otros, una información y otra, un recurso y otro diferente; un documento, un autor y su referencia, etc. y así el usuario puede construir su propio texto, saltándose los pasajes, ampliándolos con las referencias y asociaciones pertinentes, recombinando textos, buscando otros contextos y apariciones, etc.

Toda lectura es un acto individual y también es un proceso que se lleva a cabo, necesariamente, en el tiempo y en el espacio. Hasta ahora, la linealidad del texto venía impuesta por los contornos de la página impresa, pero el espacio hipertextual permite romper esos contornos. La lectura adquiere nuevas dimensiones pues se puede optar por un barrido visual y una exploración superficial hasta centrar la atención en un punto concreto y sumergirse en una lectura reflexiva y pausada. No es lo mismo el zapeado de páginas, la lectura de titulares o la búsqueda directa, que la exploración detenida de un espacio hipertextual. Depende de los deseos del lector detenerse en un punto concreto de la información y sumergirse en una lectura más profunda o ampliar la información en otros puntos externos de la red. Así pues, el hipertexto no conduce, necesariamente, a una lectura superficial ya que el hipertexto posibilita varios modos de lectura, sino que es la intención del lector la que conduce a un tipo u otro de lectura.

No es lo mismo ver que mirar y un lector consciente y reflexivo debe tomar el control sobre lo que está viendo, esto es, debe mirar y construirse una mirada. Como afirma Josep M. Català Domènech en La rebelión de la mirada: "Un animal podrá seguir con la mirada la trayectoria de un elemento interesante, podrá incluso sortear con todo su cuerpo en movimiento un obstáculo que se interpone entre él y el centro de interés, como puede ser por ejemplo otro animal al que está persiguiendo, pero nunca lo hará sólo para seguir viendo. El movimiento que un animal puede ejecutar con el cuerpo o parte del mismo para dejar un objeto fuera del campo de su visión con el fin de seguir viendo aquello que atrae su interés no es una verdadera mirada, sino la prolongación de un acto corporal en el mismo sentido: no es la vista la que se emplea sobre el mundo, sino todo el animal con la vista, y otros sentidos, al frente. La vista responde en este caso a necesidades del cuerpo globalmente considerado y por tanto acepta los campos de visión tal como se presentan: son las características de los mismos los que determinan el interés de la visión y no a la inversa, como sucede con la mirada humana. De ahí que no pueda darse en los animales la dicotomía entre una visibilidad dada y una visibilidad construida, como se da en el ser humano. Los obstáculos, en el animal, no lo son nunca para la vista, sino para el cuerpo en su totalidad. De ahí la originalidad que supone un gesto como el de colocar algo ante los ojos para exponerlo expresamente a la inspección de la vista, un gesto que hace que ésta, de elemento de supervivencia pase a ser agente de conocimiento. El gesto, adscrito a la mirada, de colocar un objeto ante los ojos debe anteceder forzosamente, pues, al de la propia escritura, que así se muestra en parte subsidiaria del mismo. Antes de que la mano procediera a inscribir un lenguaje visible sobre una superficie, es decir, antes de que pasara a objetivar los procesos reflexivos, se produjo la conversión de la vista en mirada, un proceso que suponía asimismo la delimitación de un campo visual susceptible de ser inspeccionado visualmente y de constituirse, por lo tanto, en receptáculo de los signos que expresan el pensamiento". (Català Domènech, M. "La rebelión de la mirada. Introducción a una fenomenología de la interfaz". Formats 3. Revista de Comunicació Audiovisual, 2001. http://www.iua.upf.es/formats/formats3/cat_e.htm)

Navegar por la información es una dimensión nueva. El hipertexto permite tanto la tradicional lectura secuencial, como la búsqueda directa mediante consultas. Entre estas dos opciones, la navegación se presenta como un paso intermedio entre dos formas de lectura. Además, el hipertexto constituye un formato abierto de acceso a la lectura, pues el lector puede elegir de forma consciente o aleatoria comenzar por un punto cualquiera del texto y seguir diferentes caminos o lecturas a través de la textura de la información y de acuerdo con sus intereses. Así pues, desde el punto de vista del lector, el hipertexto no tiene un comienzo, un medio y un final como sí poseía un libro en el cual el desarrollo de lectura venía claramente definido. En esto se diferencia del texto impreso ya que en el hipertexto no es el autor quien controla el texto, sino que es el lector quien toma las riendas.

Navegar y buscar información son dos actividades similares, sin embargo, mientras que navegar es algo más aleatorio aunque se trata también de una actividad cognitiva, la búsqueda suele obedecer a un plan o a objetivos concretos. E. Carmel y otros, en su artículo Browsing in Hypertext: a cognitive study (Carmel, E. Crawford, S. Chen, H. "Browsing in Hypertext: a cognitive study". IEEE Transactions on Systems, Man and cybernetics, Vol. 22, Number 5, September/October 1992) distinguen 3 categorías de navegación o lectura de hipertextos:

  • Navegación de sondeo (scan browsing): el lector busca información interesante sin ningún objetivo predeterminado.
  • Navegación de revisión (review browsing): el lector busca información con objeto de revisar e integrar un tema particular.
  • Navegación de búsqueda (search-oriented browsing): el lector busca información según un plan u objetivo para encontrar la información relevante a un tema en particular.

En el mundo impreso ha habido pocas modificaciones en las tradicionales formas de lectura en el transcurso de estos últimos siglos, a pesar de que a lo largo de la historia siempre ha habido intentos de romper la linealidad del texto y numerosos autores han tratado de ofrecer nuevas experiencias visuales para el lector y nuevas posibilidades de presentación y lectura más allá de las limitaciones que imponía la página impresa.

La aparición del hipertexto ha supuesto la culminación de todos estos intentos de trascender el soporte papel y la secuencialidad que éste imponía para ofrecer nuevas dimensiones. De esta forma, la supremacía del libro entendido como mejor soporte para fijar la información ha sido puesta en cuestión por la concreción material del hipertexto a través de la digitalidad y la informática y, sobre todo, a través de la conectividad que proporcionan los enlaces y el acceso inmediato por medio de la red.

He aquí un ejemplo curiosos de "tecnología punta" que, por un momento, nos hace dudar de que el libro sea el soporte ideal para la lectura. Se trata de una herramienta que permite leer ¡con una sola mano! Esta "utilísima herramienta" se presenta en la propaganda como un nuevo accesorio para una nueva generación de lectores. La propaganda aduce que el tamaño sí importa, por lo que se ofrece el artilugio en 4 tamaños y en diversos colores.


Fuente: Thumbthing. How it work?: http://www.thumbthing.com/how.htm

La lectura digital tiene uno de sus mayores inconvenientes en la portabilidad, pues se precisan algunos instrumentos electrónicos mediadores para la lectura (ordenador, pantalla y/u otro tipo de dispositivo electrónico). Sin embargo, vemos, que el "volumen" también tiene sus inconvenientes. Bromas aparte, lo que es beneficiosos en un caso, como que el libro sea un objeto tridimensional portable, se muestra inconveniente en otro, ya que la disposición de las páginas, en el caso del libro en papel, no se muestra de forma tan homogénea como permite la superficie plana y uniforme de una pantalla, algo que sí se ha solucionado con los nuevos dispositivos de libros electrónicos que imitan el papel y que utilizan tinta electrónica (como kindle, que aparece en la imagen de la derecha).

A veces se pretende llegar a situaciones intermedias y la lectura digital persigue semejarse a la lectura analógica combinando las experiencias de lectura que proporcionan ambas tecnologías. Por ejemplo, la British Library cuenta con un sistema llamado Turning the pages (volver las páginas), mediante el cual el puntero del ratón se transforma en el dedo del usuario y hay que arrastrar el ratón de un lado a otro tanto para abrir las tapas como para pasar las páginas del libro. De esta forma, se simula que se "hojea" un libro y, verdaderamente, se tiene dicha sensación. Constituye una verdadera delicia pasar las páginas de, por ejemplo el "original manuscrito" de Alicia en el país de las maravillas o el mismísimo Cuaderno de notas de Leonardo Da Vinci. También se puede "ojear" el libro más antiguo del mundo, el Diamond Sutra, impreso en China en 868, y que consta de 7 paneles de papel enrollado sobre dos palos de madera. Los libros se acompañan de una explicación didáctica en texto y/o audio. http://www.bl.uk/onlinegallery/ttp/ttpbooks.html

La lectura hipertextual exige nuevas habilidades, competencias y conocimientos por parte del lector/usuario. Navegar por la información requiere conocer ciertos signos propios de la nueva escritura hipertextual (iconos, cambios del cursor, mecanismos de vuelta atrás, estilos tipográficos, significado de las barras de herramientas, etc.) y conocer el manejo de ciertos dispositivos como el ratón, las barras de desplazamiento en pantalla, etc; así como conocer qué herramientas se deben utilizar para buscar, cómo, cuándo y dónde acceder a un buscador, por qué tipo de buscador optar o cómo realizar las consultas. Los sistemas de navegación han ido poco a poco estandarizando sus herramientas de navegación, exploración y búsqueda, y el diseño de un hipertexto bien construido no confunde, sino que ayuda al lector a moverse por la red hipertextual. En unos pocos años, los lectores han aprendido a moverse por las procelosas aguas de la red. Pero sin duda, además de habilidades técnicas, la lectura hipertextual exige un cambio de mentalidad, una actitud atenta y comprehensiva para organizar y reorganizar constantemente un mapa mental del (hiper)texto que se va construyendo en la lectura, pues es el lector el que se va construyendo el discurso a su medida.

La lectura de un hipertexto es una lectura extensiva, más superficial y horizontal que la lectura de un libro impreso, mientras que la lectura de este último es más pausada, inmersiva, intensiva, en profundidad, vertical de abajo arriba y prolongada en el tiempo. Lo que conduce a este modo de lectura es no sólo la disposición de la pantalla, sino también la abundancia de información, pero una vez que se ha hecho un barrido visual y explorado el espacio de información, la lectura del hipertexto requiere mayor atención -e intención- por parte del lector que la lectura de un texto impreso.

La estabilidad del libro impreso entendido como objeto físico permanente y no dependiente del tiempo pasa a convertirse, en el hipertexto, en un espacio virtual que se hace presente temporalmente. El texto del hipertexto es dinámico, en constante inestabilidad y transformación y su lectura se convierte en un proceso temporal que requiere otros parámetros de acercamiento, atención y comprehensión por parte del lector. En esto, el hipertexto se asemeja más a la cultura oral que a la cultura impresa pues es el lector/oyente quien da significado el texto en el proceso de unir las distintas secuencias -y las intenciones y objetivos- de su lectura. Por medio del hipertexto recuperamos, pues, ciertas características de la cultura oral sin renunciar a la cultura impresa.

El discurso secuencial ha pasado a ser multisecuencial, y el conocimiento se construye no paso a paso como en la cultura impresa, sino como un haz o una totalidad de significaciones. La hipermedia introduce, además, elementos ajenos a la cultural textual y texto, imagen y sonido se funden y confunden en el nuevo hipertexto. En este sentido, el hipertexto se aleja de la linealidad y articulación del pensamiento racional propio de la imprenta y de su segmentación de la realidad para acercarse a la totalización de las imágenes, a la unidad entre contenidos y formas. El hipertexto establece una estrecha relación con los códices medievales por su logografía y caligrafía iluminadas, su iconografía constante, el uso de miniaturas, etc. y también una fuerte relación con los rollos de papiro anteriores a la invención del codex romano en donde las páginas no van cosidas unas a otras, sino que se despliegan.

Los inicios de la escritura pasaron por una fase iconográfica y hoy, con el hipertexto, la escritura y la lectura culminan en otra fase iconográfica. Ver es el sentido humano por excelencia, más que oler o tocar como los animales. La visión y el pensamiento se retroalimentan, la escritura se convierte en un acto racional en donde el símbolo se convierte en signo, pero en la lectura y escritura hipertextuales, el signo vuelve a ser símbolo.
El hipertexto ha cambiado, pues, las formas de escritura y de lectura. Siempre que surge una nueva tecnología se analizan sus implicaciones desde distintas perspectivas: económicas, sociales, culturales, etc. De esta forma, se ha visto al hipertexto como un enemigo del libro impreso y se ha hablado del cambio de racionalidad que supone el paso de una cultura libraria a una cultura digital soportada en las pantallas como si esta última fuera a derribar toda la cultura lograda sobre los cimientos de la imprenta. Lo cierto es que la cultura del hipertexto no viene a sustituir a la cultura del texto, esto es, a la cultura de la imprenta, sino que añade a ésta algunas dimensiones nuevas.

Desde la experiencia del lector, la información ha dejado de ser una cosa física y se ha convertido en una realidad mental, en una espacio nuevo que hay que aprender a construir, explorar, usar y comprender. La sintaxis de esa nueva dimensión es el hipertexto y aprender a leer y escribir mediante enlaces es es una nueva forma de alfabetización enmarcada dentro de una cultura más amplia que es la alfabetización digital.

En los últimos años ha existido un período de adaptación y aprendizaje que se ha producido tanto en los individuos concretos, como en la sociedad en su conjunto, y la lectura hipertextual en pantalla se ha ido consolidado poco a poco hasta convertirse en un proceso casi "natural" de lectura. Son pocos los que reniegan ya de este medio y la lectura hipertextual va ganando adeptos. Curiosamente, las reticencias proceden, casi todas, no del mundo científico, sino del mundo de las humanidades para quienes el libro ha sido hasta ahora un objeto de culto casi sagrado y el autor su máximo pontífice. La razón de este rechazo es, por un lado, la ignorancia y/o fobia tecnológicas y por otro, el miedo a perder esa pequeña o gran cuota de poder que supone considerarse única fuente donde reposa el saber y única fuente de distribución del conocimiento.

El control que hasta ahora tenía el autor sobre el conocimiento y su distribución a través del libro impreso, se diluyen en la maraña de la red y con ellos se esfuma el prestigio y el reconocimiento social que lleva aparejados la "autorictas". En el campo científico esta ruptura ha sido menos desgarradora pues los autores suelen publicar en colaboración y utilizan, en mayor medida que el libro impreso, otro tipo de medios como son las revistas científicas que se han trasladado a la red de forma rápida y nada traumática, aunque su acceso libre también ofrezca reticencias por parte de los editores, pero esta vez por causas crematísticas. También influye el hecho de que, mientras que la investigación y el trabajo dentro del ámbito científico se construye día a día como una labor conjunta, de equipo y colaborativa, en el campo de las humanidades y las ciencias sociales, la investigación y publicación se ha realizado, tradicionalmente, por lo menos en España, de forma individual.

Un libro se puede leer o no leer, pero en un texto abierto a la red, el lector no sólo puede escapar del texto haciendo uso de un enlace externo, sino que también puede relacionarlo con otros textos y contextos escapando al control fijado por el autor. En el hipertexto el lector se independiza del autor, le desobedece, niega su autoridad y busca otros caminos y sentidos no previstos ni fijados por el autor en el texto. Es el lector quien toma el poder. Y este poder se acrecienta y llega a límites insospechados cuando el lector puede usar el texto a su antojo: copiarlo, reutilizarlo, modificarlo, transformarlo, difundirlo, etc.

Si los defensores de la libre expresión en Internet reivindicaban una información sin propietarios bajo el lema "la información quiere ser libre" personalizando el texto con el fin de independizarlo de un autor, no existe proceso comunicativo sin lector. La comunicación no es un proceso mecánico, sino que precisa de un referente humano que sea consciente de lo que significa el mensaje. El mensaje que en el medio impreso era algo totalmente acabado y cerrado y que poseía permanencia y estabilidad, en la red se ha vuelto inestable, cambiante y dinámico. Y la relación inmutable entre emisor-mensaje-lector que se establecía siempre en la misma dirección inequívoca, se ha convertido en un proceso multidireccional donde el flujo de la información fluye en todas direcciones de forma simultánea.

En 1969 Barthes anuncia ya la muerte del autor y el nacimiento del lector. Sin embargo, el hipertexto no conlleva la desaparición del autor ni la destrucción del texto sino que provoca cambios profundos en la concepción de ambos. Un hipertexto es siempre creado por un autor (o varios), pero es el lector el que elige qué enlaces y qué ruta de lectura seguir y quien, por tanto, reconstruye el texto a su medida enlazando textos y fragmentos de texto y conectando autores diversos. Lo que conlleva el hipertexto es la apertura a múltiples lecturas y a dotar de cierta autonomía al lector. Un texto fue escrito en un contexto concreto, pero ahora es el lector el que elige su propio contexto de lectura.

Así pues, todo texto requiere de un lector y un contexto. Daniel Chandler en Texts and the construction of meaning, donde realiza una pequeña adaptación de un capítulo de su libro The Act of Writing (Chandler, Daniel. Texts and the construction of meaning. 1995 (http://www.aber.ac.uk/media/Documents/short/texts.html) resume en estos 3 tipos de posiciones extremas en las teorías que se refieren a la relación entre lectores y textos:

  • Objetivistas: el significado se encuentra en el texto (el conocimiento se transmite)
  • Constructivistas: el significado surge de la interacción entre el texto y el lector (el conocimiento se negocia)
  • Subjetivistas: el significado depende de la interpretación del lector (el conocimiento es re-creado)
Por su parte, José Luis Gómez-Martínez en su excelente artículo Hacia un nuevo paradigma: El hipertexto como faceta sociocultural de la tecnología afirma: "En la modernidad se privilegió al autor, la posmodernidad privilegia al texto, en el discurso antrópico se privilegia al lector". Para este autor, el discurso antrópico es el discurso propio del hipertexto en el cual el referente es el ser humano y el proceso de comunicación es multidireccional: autor ↔ texto ↔ lector. Gómez Martínez habla de un cambio de paradigma en el que el significado reside en el lector y en la apropiación que éste haga del texto. No se trata de un texto con múltiples significados, sino de un lector (o múltiples lectores) que se apropian del texto desde múltiples contextos. Si el discurso moderno privilegiaba al autor y el posmoderno ponía énfasis en el mensaje, el discurso antrópico regresa al referente humano. Este cambio de paradigma supone una transformación tan notable como la que supuso el libro impreso: "El cambio es mucho más profundo. Nos trasladamos de concebir el mundo como realidad estática, a entenderlo como transformación. La lectura, por tanto, ya no trata de encontrar el significado del autor en el texto (aunque no anula esa posibilidad). La lectura ahora es un proceso íntimo en el cual el texto se contextualiza en el devenir del lector. Parafraseando a Antonio Machado diríamos que no hay texto, que el lector hace el texto al leer". (Gómez Martínez, José Luis. Hacia un nuevo paradigma: El hipertexto como faceta sociocultural de la tecnología. http://www.ensayistas.org/critica/teoria/hipertexto/gomez/index.htm)

Pero el hipertexto no sólo exige un cambio de mentalidad para pasar del papel a la pantalla y adaptarse a las interfaces gráficas, sin duda, el lector de hipertextos debe poseer, además, ciertos conocimientos tecnológicos complejos y una serie de habilidades que tienen que ver con el campo de la información y la documentación. Navegar por la Web es similar a recorrer una gran obra de referencia, una enciclopedia universal de textos completos y, en un mar de información, el usuario debe saber no sólo buscar la información, sino también recuperarla y gestionarla para poder hacer una lectura o un uso más pausado y reflexivo en el momento que crea adecuado. Christine A. Barry en su artículo Las habilidades de información en un mundo electrónico (Barry, Christine A. “Las habilidades de información en un mundo electrónico. La formación investigadora de los estudiantes de doctorado”. Traducido por Piedad Fernández Toledo. Anales de Documentación, Nº 2, 1999. Título original: “Information skills for an electronic world: training doctoral research students”, en Journal of Information Science, 23 (3) 1997. http://revistas.um.es/analesdoc/article/view/2731), afirma que las habilidades de información se pueden descomponer en las siguientes fases secuenciales:

  • formular y analizar necesidades
  • identificar y valorar posibles fuentes
  • localizar recursos audiovisuales
  • examinar, seleccionar y rechazar fuentes
  • interrogar a las fuentes
  • procesar y almacenar información
  • interpretar, analizar, sintetizar y evaluar la información recogida
  • presentar y comunicar el trabajo resultante
  • evaluar los logros conseguidos
Para esta autora, es la relación entre el crecimiento de la información y el aumento de tecnología compleja para manejarla, lo que produce este cambio en las habilidades de información. De esta relación emergen 3 grandes categorías de habilidades de información necesarias:

  • Primero, el aumento de la localización, alcance y volumen de información lleva a una creciente necesidad de valorar esa información. Esto incluye la evaluación de la calidad, el filtrado y eliminación de información excesiva, y la mayor concreción hacia necesidades específicas.
  • En segundo lugar, existe la necesidad de adquirir conocimiento de las diversas fuentes y habilidades para manejar la compleja tecnología dentro de la cual se encuentra inmersa la información. (Ésta en particular es resultado de las limitaciones de las interfaces existentes. Una vez que las interfaces amigables para sistemas múltiples sean realidad, y los programas de búsqueda se aproximen más al lenguaje natural, la complejidad se reducirá).
  • En tercer lugar, están las habilidades lógicas y lingüísticas necesarias para formular necesidades de información y hacerlas explícitas de una forma comprensible por los sistemas TI, y también para leer, descodificar, e interpretar la información electrónicamente obtenida. Como resultado, las habilidades de información necesarias para navegar con éxito por el mundo electrónico y recuperar la información óptima han cambiado tanto de forma cualitativa como cuantitativa.
Sin duda, las virtudes del medio hipertextual sobre el medio impreso se deben, fundamentalmente a cuatro aspectos diferenciados: la rapidez en el acceso a la información, la disponibilidad de una enorme biblioteca universal de acceso libre, la posibilidad de buscar de forma directa la información que se precisa y, en último término y no menos importante, el hecho de que la Web no sólo es un espacio de información, sino también un lugar para la interacción.

La interacción se puede entender en dos sentidos diferenciados: por un lado, como sinónimo de participación en relaciones comunicativas establecidas entre las personas, donde es corriente utilizar la voz interactuar en lugar de conversar, dialogar, colaborar, votar, etc. Y por otro, como la relación que se establece entre los seres humanos y las máquinas, esto es, el método por el cual un usuario se comunica con el ordenador a través de la interfaz gráfica del hipertexto.

En este segundo sentido, a menudo se confunde la interactividad con conectividad. Navegar por un hipertexto, seleccionar un enlace y hacer clic con el ratón no es propiamente interactividad, aunque navegar ya implique un grado de interactividad mayor que una lectura secuencial en los soportes tradicionales como son el papel o la película y las posibilidades de navegar por una biblioteca completa como es la Web supone aumentar las posibilidades de lectura hasta un grado antes inimaginado.

Sin embargo, dentro de un hiperdocumento, las posibilidades de navegación vienen determinadas por el diseño que el autor del hipertexto haya previamente fijado y el usuario puede elegir únicamente entre las opciones que se le presenten. La elección de poder moverse y saltar de un lado a otro del hipertexto, supone un grado muy bajo de interactividad.

El hipertexto no es una mera forma de creación de documentos y de presentación y navegación por la información, es una estructura mucho más compleja que se sustenta sobre elementos de muy distinto signo y que deben conformar un todo integrado que tenga en cuenta la estructura interna de la información, su estructura externa, la estructura inmediata de presentación de la información, el contexto físico y psicológico y las posibles necesidades del usuario, etc. Por tanto, el diseño navegacional juega un papel fundamental ya que la organización del espacio de navegación ayuda al usuario a recorrer la información o a ir directamente a la información que requiera.

La interfaz es todo aquello con lo que interactuamos para lograr efectuar alguna acción en un sistema y es, por tanto, la interfaz de usuario, la que permite que el usuario se comunique y dialogue con el hipertexto. Se trata pues, de una especie de cuadro de mandos para que el lector tome el control. Al diseñar la interfaz de un hipertexto hay que tener en cuenta tanto el tipo y características de los posibles usuarios, las facilidad de aprendizaje y uso, su accesibilidad, etc. y muchas otras tareas que tiene que ver con lo que se ha venido en denominar usabilidad.

El término control es una de las claves para definir la interactividad, más allá de la simple navegación se trata de que el usuario tenga verdadero control sobre determinadas acciones. Un hipertexto bien diseñado permitirá una mayor interactividad para que el usuario no sólo se mueva por el hipertexto, navegue por la información y explore distintas rutas, sino que le ofrezca la posibilidad de visualizar información multimedia en el momento que desee, hacer búsquedas directas, encontrar información relacionada y recuperar la información atendiendo al establecimiento de filtros y adaptaciones personalizadas que el propio usuario pueda establecer, etc. Todas estas cualidades son las que conducen a que el lector de un hipertexto pase a denominarse, con toda propiedad, usuario. Vemos que el hipertexto entendido como una nueva tecnología, ofrece muchas más funcionalidades y posibilidades de interacción que las tecnologías simplemente digitales, y aun mucho mayores que cualquier tecnología analógica.

A la conectividad del texto se une la conectividad de los sujetos que intervienen en la comunicación. En este sentido, la Web no es sólo un espacio de información, sino también un espacio de interacción entendida como comunicación entre seres humanos. La Web se ha convertido en un ágora electrónica, una plaza pública y un territorio virtual donde se desarrollan miles de conversaciones en distintos medios: foros, chats, intercambio de correos, cruce de mensajes, etc. y con distintos actores. Esta comunicación puede ser bidireccional uno a uno (emisor ↔ receptor) o multidireccional (emisores ↔ receptores) y puede ser instantánea al desarrollarse en línea o dilatada en el tiempo (como en el caso de las listas de distribución a través del correo electrónico). Esta posibilidad que brinda la red ha hado origen a nuevas formas de autoría colaborativa y a que en la red, las audiencias de los medios ya no sean tan pasivas como en el medio impreso. El lector o los lectores no sólo pueden establecer contacto con los autores y conversar con ellos a través del correo electrónico, sino que pueden hacer sus comentarios en la red.

El hipertexto adquiere así una dimensión social nueva y no sólo permite la creación y mantenimiento de comunidades y redes sociales de todo tipo en línea, sino que está dando forma nueva a viejos medios de expresión como la prensa. Los blogs, que nacieron como un medio de expresión y edición personal y que dieron un aire nuevo a las noticias, permiten ahora los comentarios en línea por parte de los lectores y se crea así una nueva forma de periodismo abierto y participativo en donde los lectores se involucran en el proceso informativo haciendo comentarios y anotaciones. Muchos sitios web tanto de personas o empresas como de medios de comunicación, permiten al lector iniciar un debate o participar en una discusión en línea, añadir contenidos y enlaces mientras se lee, etc.

El periodismo participativo es un fenómeno nuevo que se produce de la base hacia arriba y es el resultado de muchas conversaciones simultáneas y distribuidas a lo largo de la Web. Los lectores pasan a ocupar un papel activo en el proceso de suministrar información.

Fuente: Shayne Bowman y Chris Willis. Nosotros, el medio. http://www.hypergene.net/wemedia/images/uploads/compare_esp.gif

Y en la red no sólo se desarrollan nuevas formas de periodismo participativo a través de los blogs o el establecimiento de foros y debates en los medios tradicionales trasladados a la red, también se crean comunidades en línea y redes sociales agrupadas tras los más diversos intereses y surgen proyectos conjuntos de colaboración a través del desarrollo de nuevas herramientas y tecnologías como los wikis que permiten agrupar una red social de autores y lectores para crear proyectos colaborativos en línea tales como enciclopedias, diccionarios, repositorios de documentos de acceso libre, etc. La llamada Web 2.0 crece exponencialmente y los sitios más visitados y usados en la red son los que permiten la colaboración de los lectores/usuarios tales como Blogger, Bloglines o Tecnhorati para guardar y compartir blogs, Flick para compartir fotos, del.icio.us para guardar y compartir favoritos o YouTube para almacenar y compartir vídeos, etc. Además, estos servicios colaborativos cuentan con otras herramientas que han permitido el paso de la clasificación personal al etiquetado social por medio de etiquetas o tags creadas en colaboración y que han desarrollado una nueva forma de indización de documentos llamada folksonomías o etiquetado social.

En la red ya no se habla de publicar, sino de participar y una nueva generación de documentos web nace con la intención de convertirse en documentos dinámicos permitiendo al lector participar haciendo comentarios y anotaciones, iniciar una discusión, añadir contenidos o agregar enlaces de sus favoritos mientras lee, etc.

Desde los inicios del hipertexto a través de los sistemas de gestión independientes era corriente la autoría múltiple y muchos sistemas permitían las anotaciones y comentarios críticos de los lectores. Muchas de estas herramientas se emplearon en el ámbito educativo para establecer un contacto más estrecho entre profesores y alumnos y para que los lectores pudieran establecer un contacto directo con el texto ya que podían "manipularlo" estableciendo relaciones, añadiendo comentarios críticos, etc. La Web, con su acceso universal en línea potencia esta tendencia y ofrece nuevas posibilidades permitiendo que los contenidos dinámicos sean creados y distribuido "en vivo" a través de Internet.
El marco de la pintura se ha convertido hoy en un monitor de ordenador, una pantalla que separa el mundo de su representación y/o abstracción. Sin embargo, tras la pantalla también se crea un mundo nuevo real y virtual de informaciones y relaciones humanas que puede ser desplegado a través de las múltiples ventanas del hipertexto .

María Jesús Lamarca.

NOTA. Este artículo ha sido extraído de mi tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid: Lamarca Lapuente, María Jesús. Hipertexto, el nuevo concepto de documento en la cultura de la imagen. Madrid, 2006.

viernes, 23 de enero de 2009

La lectura digital: soportes, dispositivos y formatos

La lectura ha sufrido procesos de transformación a lo largo de la historia, vinculada no sólo a los cambios introducidos por las diferentes tecnologías de escritura, sino también a la función social que tanto la lectura como la propia escritura han representado para cada período histórico y cultural.

Es a partir del siglo XVII cuando la lectura, antaño reservada a unos pocos (monjes y estudiantes de las universidades y academias), se convierte en una actividad algo más masiva debido no sólo a la mecanización llevada a cabo por la imprenta y la revolución industrial, sino también a una mayor democratización y universalización de la educación y la cultura.

La lectura intensiva y en profundidad de los siglos precedentes (se leían y estudiaban hasta la saciedad, incluso de memoria, uno o unos pocos libros) da paso a una actividad más superficial y extensiva con la proliferación exponencial de documentos impresos de todo tipo: libros, revistas, periódicos, etc. La explosión de la sociedad de la información actual, nos conduce hoy al problema contrario: la sobreinformación y sobreabundancia de todo tipo de publicaciones impresas que, unida a la constante presencia de la publicidad en nuestras calles y medios de comunicación, nos sume en un océano constante de información visual escrita en donde es difícil discriminar la información que es importante y que nos interesa.

La aparición del hipertexto supone un nuevo cambio histórico y tecnológico que quizás tenga repercusiones culturales puesto que afecta los modos tradicionales de lectura secuencial del texto. La lectura de un hipertexto por parte de un usuario/lector se basa en la navegación o exploración de los contenidos. Esta lectura por exploración o navegación difiere de la lectura tradicional de un documento. Además, al margen de la secuencialidad del libro impreso y la multisecuencialidad del libro en pantalla, la lectura sobre una pantalla electrónica es mucho más activa, el lector hace barridos visuales y búsquedas de fragmentos de interés. Se trata de una lectura extensiva, más superficial y horizontal, mientras que la lectura de un libro impreso es mucho más pausada, inmersiva, intensiva, en profundidad, vertical de abajo arriba y prolongada en el tiempo.

A pesar de este cambio profundo en la manera de leer y mirar, lo cierto es que los jóvenes se han adaptado rápidamente a las pantallas y a las consolas gracias a la industria del videojuego y los multimedia, y que en muchas ocasiones las prefieren a los libros.

La navegación ha sustituido a la lectura lineal y a cualquier forma de lectura no lineal se la denomina navegar por la información. La información es un espacio a recorrer, un camino a explorar y los enlaces del del hipertexto son los que nos permiten, mediante los anclajes de partida y de llegada, saltar de un nodo a otro y de una información a otra. En la lectura y navegación de un hipertexto nos movemos de una pantalla a otra saltando sobre las olas o dejándonos llevar por ellas en un mar de información; claro que ante la inmensidad de tal océano también podemos sentirnos náufragos y ser tragados por tan procelosas aguas si es que no contamos con las herramientas y los conocimiento adecuados para llegar a buen puerto.

Antonio Rodríguez de las Heras en su obra Navegar por la información hablaba de bucles abiertos: la información se articula en diferentes nodos compuestos por una sucesión de pantallas, de manera que una de las pantallas de un bucle pertenece también a otro bucle. Para este autor, hemos pasado de las superficies donde se proyecta la imagen (la pantalla de cine y la del televisor) a una nueva superficie que se proyecta sobre el lector, la "interficie", esto es, una membrana que posibilita el encuentro físico del lector ccon las palabras y las imágenes, que al tocar los pliegues de ese texto se desplaza por él y lo transforma. (Rodríguez de las Heras, Antonio. Navegar por la información. Madrid, Fundesco, 1991).

Es curioso que la bidimensionalidad del hipertexto en la pantalla nos dé mayor sensación de tridimensionalidad que un objeto como el libro que sí es verdaderamente tridimensional. Pero no es el objeto en sí mismo, sino la información contenida en él la que parece cobrar una nueva dimensión. Las dimensiones de la página ponen límites al texto, como también ponen límites al texto las dimensiones de la pantalla, pero en el hipertexto la pantalla no sólo se expande mediante las barras de desplazamiento horizonal y vertical (Rodríguez de las Heras habla de hipertexto, el texto plegado), sino que también se multiplican. Podemos abrir varias ventanas a la vez y esto provoca una sensación de movimiento, no sólo las ventanas parecen navegar dentro de la pantalla, sino que la propia información y nosotros mismos navegamos con ellas.

Además, para que el usuario pueda tener control sobre su ordenador, para manejar un programa informático o para moverse por el hipertexto, las pantallas no muestran símbolos a modo de algoritmos como en los primeros tiempos de la informática, sino interfaces gráficas (no presentan texto, sino imágenes) para que los usuarios se comuniquen con las máquinas o con el hipertexto. Así hay una mayor sensación de espacio real en el espacio virtual de la pantalla. Este hecho también ha dado origen a la llamada interactividad y proliferan no sólo los dispositivos de lectura, sino también los de visualización gráfica y audición -los llamados periféricos del ordenador- entre los cuales la pantalla sigue siendo uno de los dispositivos imprescindibles.

El documento hipertextual posee características propias como la duración temporal, la situación espacial, la variabilidad de la presentación o la reutilización del documento o de sus partes en la generación de nuevos documentos. Además de una diferencia fundamental: la utilización de aparatos entre los que son imprescindibles un dispositivo de visualización como es la pantalla, un ordenador y un programa de lectura o navegación (que puede ser el navegador o explorador web u otro programa de lectura y navegación). La lectura hipertextual requiere, pues, nuevas herramientas, soportes y dispositivos de lectura y navegación.

Según Nielsen/NetRating, cada persona consulta una media global de 1,594 páginas web al mes, y en cada sesión de navegación cuya media es de 1:02:09 h., miramos 43 páginas y nos paramos en cada página unos 50 segundos. Pasamos frente al PC unas 37 horas al mes (datos de noviembre de 2008). En España estas cifras se estiman en una consulta media de 44 páginas web al mes y pasamos 50:37:52 h. frente al PC. La consulta a una página dura, igualmente, 50 segundos (datos de febrero de 2009), mientras que en Estados Unidos son 11 sesiones o visitas por persona al mes y pasan 11:19:16 h. frente al PC, aunque la lectura en cada página se demora a 53 segundos (datos de marzo de 2009).


Dispositivos de lectura

La pantalla se ha convertido en uno de los principales dispositivos de lectura actuales y en un dispositivo indispensable para la lectura de hipertextos.

El soporte de la lectura de un documento hipertextual puede ser el papel, en el caso de que imprimamos el archivo digital en cuestión. Sin embargo, de esta manera no nos podremos mover a través de los enlaces y perderemos las principales funcionalidades del hipertexto. La pantalla de ordenador sí permite aprovechar al máximo los recursos que no están disponibles a través de la lectura sobre papel, como también lo puede hacer la lectura a través de la pantalla de un libro electrónico, del televisor o de cualquier otro dispositivo provisto de pantalla, como una agenda electrónica, un ordenador de bolsillo, un PDA (Personal Digital Assistant), un teléfono móvil, etc.

Así pues, lo mismo que los documentos sonoros y audiovisuales han necesitado de un equipamiento físico para su lectura y consulta, el hipertexto y la hipermedia precisa de un equipamiento tanto físico (hardware) como lógico (software) como soporte de lectura y navegación.

El problema de la no portabilidad o transportabilidad del ordenador, ha conducido a la búsqueda de otros dispositivos que sí sean transportables y que no condicionen la lectura o navegación de un documento digital a la utilización de un sitio fijo y en una postura determinada. Así han surgido los llamados libros electrónicos o e-books. Con este término se denomina tanto al nuevo dispositivo de lectura diseñado para leer libros electrónicos, como a las obras en sí mismas y a los programas que se pueden instalar tanto en ordenadores de sobremesa y portátiles, como en dispositivos especiales de bolsillo y que sirven para la lectura de estos libros digitales.

El libro electrónico es una realidad reciente que está disponible actualmente y que permite recibir miles de documentos o seleccionar uno a uno varios documentos, en el formato y peso de un libro en papel. Suelen tener la dimensión de un cuaderno o una página DIN A-4 y constan de un microprocesador para guardar y buscar la información; una tarjeta de red para las conexiones a Internet; un puerto de conexión al ordenador; y otros dispositivos que permiten moverse por la pantalla (de forma táctil o mediante un puntero de ratón, un punzón, flechas de dirección, etc). Para facilitar la lectura, la obras se pueden editar según las preferencias personales: tipo y tamaño de letra, etc.

Todos estos dispositivos de lectura para leer libros digitales permiten la lectura digital con tecnologías hipertextuales.

También se han llevado a la práctica proyectos como el uso de tinta electrónica o e-ink impulsado por el Massachussets Institute of Technology (MIT). Este proyecto consiste en un nuevo dispositivo que utiliza un nuevo tipo de papel de unos pocos milímetros de grosor y que se monta sobre un soporte que tiene una carga eléctrica positiva o negativa que permite cambiar la polaridad de unos gránulos o microcápsulas de colores para formar las letras o imágenes. Así pues, sobre estas páginas digitales que funcionan a modo de circuitos de cables invisibles, se imprime esta tinta electrónica y se consiguen libros electrónicos que imitan la apariencia de los libros impresos, aunque su contenido varía en función del texto o la obra seleccionada en cada momento.

El formato de libro electrónico no sólo se utiliza en dispositivos electrónicos independientes, sino que también se ha adaptado para recibir obras y editarlas en la pantalla de nuestro ordenador. Sólo hay que descargar un programa de lectura ad hoc (los más conocidos son Adobe Reader y Microsoft Reader) y ejecutarlo en nuestro propio PC y ya podemos bajar los "libros" electrónicos de la red. Existen un gran número de títulos que están disponibles en este tipo de formatos y que se pueden adquirir en algunas librerías digitales presentes en Internet.

En castellano, podemos encontrar y descargar libros digitales a nuestro ordenador, en las siguientes bibliotecas y librerías digitales:



Los libros electrónicos imitan el diseño y presentación clásicos de la lectura para que ésta sea lo más parecida a la de un libro impreso. Cuentan con tablas de contenido y enlaces para poder acceder a las diferentes obras. Los libros se leen página a página o a doble página, y se avanza y retrocede mediante el teclado o con un clic de ratón pulsando sobre un icono de avance y/o retroceso. También es posible dirigirse a una página concreta tecleando su número o deslizando el ratón sobre una barra de desplazamiento dispuesta para tal fin. Es posible seleccionar partes del texto para iluminarlas, copiarlas, imprimirlas, etc. y ofrecen la posibilidad de hacer anotaciones, dibujos o marcas. También es posible descargar sólo los capítulos que nos interesen sin tener que adquirir todo el libro o incluso formar nuestro propio eBook con capítulos de varios eBooks. Los eBooks no sólo reproducen texto, sino también sonidos, gracias a un programa de lectura por voz que incluyen los principales programas. Así pues, se puede optar entre la lectura y la audición de la obra y esta es una opción muy útil para personas con alguna discapacidad auditiva. También es posible formar una Biblioteca con los distintos libros que hayamos descargado en nuestro ordenador u otro dispositivo de lectura. En la biblioteca, los distintos eBooks se pueden organizar por orden de títulos, autor, fecha de última lectura, tamaño del libro, fecha de adquisición, etc.

Los formatos de lectura

La diferencia entre un libro analógico y un libro digital radica en que este último requiere de dispositivos adicionales para su lectura, como un ordenador, un sistema de visualización y un programa. El programa puede ser tanto el navegador de Internet como un programa específico de lectura y navegación. En el libro analógico, la información se imprime en papel y este soporte constituye un objeto de tres dimensiones. Por el contrario, en el libro digital la información se imprime sobre una superficie de visualización de dos dimensiones gracias a un dispositivo informático o electrónico que debe contender necesariamente una pantalla y una memoria.

El formato de lectura y escritura de un eBook difiere en gran manera del de las páginas elaboradas con el lenguaje HTML que constituyen la esencia de un hipertexto en la WWW. Un libro digital (una monografía en el sentido técnico documental) tiene unos límites bien definidos y se presenta como un único volumen cerrado, aunque también posee enlaces internos y externos como un hipertexto. Un eBook no tiene por qué tener enlaces, aunque la mayoría los tienen y los programas que los gestionan suelen poseer herramientas hipertextuales. El sistema utilizado en la Web y el sistema de los e-books constituyen dos sistemas de gestión de hipertextos distintos cada uno con su programa de lectura y navegación propios y con un formato de codificación de la información distinto.

Todos los documentos son susceptibles de ser convertidos tanto al estándar eBook, como al estándar HTML de la World Wide Web. El formato de lectura más utilizado es sin duda, el formato HTML de la Web legible con el navegador web, sin embargo, van cobrando fuerza los distintos formatos de libros electrónicos o eBooks. Entre ellos, destacan:

  • Formato .PDF: es el formato de lectura de Adobe Acrobat (y otros) y el más utilizado en la red por ser un estándar abierto. Los documentos o "libros" puede leerse utilizando el programa AdobeReader, que se puede descargar desde: http://get.adobe.com/es/reader/. En este programa se unificaron las aplicaciones Acrobat eBook Reader y Acrobat Reader.
  • Formato .LIT: Se trata del formato de Microsoft que se puede leer utilizando el programa Microsoft Reader y que puede ser descargado desde: Microsoft Reader: http://www.microsoft.com/reader/es/

Por ejemplo, eBrary es otro lector pdf que ofrece numerosas funcionalidades como búsquedas simples y avanzadas, agregar y modificar marcadores, destacar texto, añadir notas, guardar favoritos y puntos de interés, zoom para ampliar o reducir el tamaño del texto y acomodar la lectura al gusto del lector, etc. http://www.ebrary.com/

Los eBooks también se distribuyen en formatos que pueden adaptarse a su lectura no sólo en PC, sino también en una PDA (Pocket PC) y otros dispositivos de lectura electrónica que cuenten con una pantalla y memoria (como por ejemplo, los teléfonos móviles). Como las características de salida de estos son muy diferentes, principalmente por el tamaño de representación de la pantalla (por ejemplo, el de la PDA es mucho más pequeño y vertical), generalmente se suelen preparar versiones diferentes para cada medio.

Lo cierto es que los ebooks destinados a la lectura en ordenadores personales no tuvieron el éxito de ventas esperado. Librerías como Veintinueve.com de la editorial Planeta tuvieron que cerrar su librería de obras electrónicas tras algunos años de pérdidas. Para muestra valga un dato recogido por José Ángel Martos en la revista Qué Leer: el libro digital más vendido en España fue la edición online del libro de Operación Triunfo (un programa televisivo con gran éxito de audiencia en España, que sacó también a la luz una película y un libro impreso con similar éxito). Pero el éxito de ventas online se limitó a los 600 ejemplares en los primeros meses de comercialización en el año 2002. (Martos, José Ángel. "¿Ser o no ser? Las incógnitas del libro electrónico". Qué leer, número 70, octubre 2002 ) Otra cosa bien distinta sucede con este tipo de libros cuando son gratuitos. Por ejemplo, las obras clásicas ofrecidas por la Librería Virtual Cervantes, gozan de una muy buena acogida si nos atenemos a las descargas de bytes efectuadas desde su página web.

Hace apenas unos años comenzaron a surgir dispositivos independientes que imitaban a un libro en papel y cuya funcionalidad era exclusivamente a la lectura. Se perseguía la portabilidad y la autonomía de los dispositivos de lectura y las pantallas tenían el tamaño suficiente para mostrar documentos en formatos A4 o A5, además de contar con un aceptable nivel de contraste para leer con luz natural. Se desarrollan así el papel y la tinta electrónicos. Ejemplos de estos dispositivos son el iRex iLiad (el primer dispositivo comercializado en España en 2006, que permite leer documentos pdf, Mobipocket y XHTML), el lector PRS de Sony (o Portable Reader System comercializado en Estados Unidos en 2006), el HanLin (el más económico, pero limitado), el STAReBOOK, el Cybook y el Kindle de Amazon (cuyos libros se venden a través del teléfono móvil).

Sin ninguna duda, los libros que mejor se adaptan al formato digital son los llamados "libros herramienta", esto es, los diccionarios, enciclopedias, guías, obras técnicas especializadas, etc. Y nadie duda hoy del éxito del formato .pdf, que es uno de los más utilizados en la red.

En realidad, el libro más leído en la actualidad es la propia World Wide Web, una gran enciclopedia universal y biblioteca en línea, donde están contenidos todos los temas y saberes humanos, y al alcance de cualquiera con sólo un clic de ratón.

María Jesús Lamarca

NOTA. Este artículo ha sido extraído de mi tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid: Lamarca Lapuente, María Jesús. Hipertexto, el nuevo concepto de documento en la cultura de la imagen. Madrid, 2006.


Algunos hitos en la historia del libro electrónico:

  • 1971: Michael Hart pone en marcha el Proyecto Gutenberg que propone la digitalización de libros de forma voluntaria para ofrecerlos de forma gratuita a través de la red (comienza en texto plano, pero va admitiendo otros formatos).
  • 1993: Nace Bibliobytes, un proyecto de libros digitales gratuitos en Internet.
  • 1995: Amazon comienza a vender libros a través de Internet.
  • 1996: El proyecto Gutenberg alcanza los 1.000 libros digitalizados.
  • 1998: Son lanzados dos lectores de e-books: Rocket ebook y Softbook.
  • 1998-1999: Surgen numerosos sitios en Internet que venden ebooks, como eReader.com y eReads.com.
  • 2000: Stephen King lanza su novela "Riding the Bullet" en formato digital. Sólo puede ser leída en ordenadores.
  • 2001: Aparece la primera plataforma de distribución de ebooks en español: Todoebook.
  • 2002: Las editoriales Random House y HarperCollins comienzan a vender versiones electrónicas de sus títulos en Internet.
  • 2005: Amazon compra Mobipocket
  • 2006: Sony lanza el lector PRS basado en el papel y la tinta electrónicas
  • 2007: Amazon comercializa Kindle
  • 2008: Adobe y Sony hacen compatibles sus tecnologías ebook (Lector y DRM).
  • 2008: Sony lanza el PRS-505